La brecha salarial, la maternidad y la falta de protocolos en las empresas para tratar la violencia de género son algunos de los obstáculos que se le presentan a las mujeres en sus trabajos y que les impide romper el techo de cristal y abandonar el llamado “suelo pegajoso”.
En Argentina las mujeres ganan 22,6% menos que los hombres, la tasa de desocupación femenina es un 5% mayor que la masculina, y las que son madres recientes tienen mayores barreras para conseguir trabajo. La misma situación se replica en Mendoza con índices similares.
“La pobreza tiene más rostro femenino que masculino”, indicó la economista mendocina Carina Farah, quien explicó que “techo de cristal” no es más que la denominación de una serie de barreras invisibles que impiden que las féminas asciendan a puestos jerárquicos y de decisión.

Mientras que el “piso pegajoso”, se refiere a las fuerzas que las mantienen atrapadas en la base de la pirámide económica. Este suelo que no permite el despegue está formado por al trabajo maternal, el conyugal y las tareas domésticas.
“En concreto no es que ganemos menos porque nos pagan menos, es que mientras que un varón sale a trabajar, la mujer le tiene que dedicar más horas a la casa y no se puede perfeccionar, ni hacer horas extras”, detalló Farah.
Y agregó: “No venimos con un chip que nos haga mejores cambiadoras de pañales”.
Silvia Fernández de Ni Una Menos consideró que esta situación se hace más evidente y compleja con quienes sufren violencia de género. Como consecuencia, la falta de solvencia económica las obliga a permanecer en un hogar opresor por miedo a quedarse en la calle y no poder darle de comer a sus hijos.

La violencia y la falta de protocolos
De acuerdo con una encuesta realizada por la consultora Adecco, el 70% de las trabajadoras aseguró que a igual posición, los hombres reciben un sueldo más alto. En tanto, un número similar de ejecutivos reconocieron que no existen protocolos de contención en sus compañías para quienes sufren violencia familiar.
Sobre este punto, Fernández explicó que no “harían falta protocolos si se diera cumplimiento efectivo de las leyes que tenemos como es la 26.485”, que establece la protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.
La referente feminista local apuntó a la falta de presupuesto y de políticas integrales. “Actualmente en las provincias alcanza para tener pocas profesionales para asistir, muy pocas para prevenir y la mayoría de las políticas están basadas en capacitaciones aisladas en municipios o entes. Es necesario también que se trabaje con los hombres violentos”, dijo.

Extender la licencia por paternidad
El informe de la consulta revela que la maternidad es una barrera para el crecimiento profesional, un 45% consideró que eso depende de cada persona en particular, mientras que un 31% fue más tajante y consideró que sí.
“Cuando decidimos ser madres las dificultades se profundizan ya que corre riesgo nuestro puesto de trabajo por la licencia por maternidad y la hora de lactancia -que es un derecho-“, enfatizó Belén Bobba, una de las coordinadoras de la marcha del 8M, por el Día de la Mujer.
Para las referentes feministas la solución se logra equiparando las licencias de maternidad y paternidad. No sólo para distribuir el tiempo del cuidado del recién nacido, también para cuando ambos vayan a postularse para un puesto, estos tiempos legales con el bebé no sea considerado como un “detalle” en detrimento del trabajador.
“Todas estas situaciones se pueden revertir identificando que se trata de fenómenos que tienen muchas causas. Requieren un cambio cultural motorizado o acompañado por el Estado y legislando sobre la igualdad de derechos laborales”, concluyó Farah.
