Filosóficamente el destino y el libre albedrío son dos conceptos metafísicos con interpretaciones amplias y variadas a través de la historia humana. En términos populares la visión de ambos, está teñida por las bases religiosas preponderantes en la sociedad, es por esta razón que no es lo mismo hablar de destino en oriente que en occidente. En un sentido metafórico ambos conceptos están presentes en la mitología de los principales pueblos antiguos: griegos, egipcios, sumerios, nórdicos, indios americanos, todos tienen de alguna forma estos conceptos. Si al parecer destino y libre albedrío son conceptos que naturalmente están en el inconsciente colectivo ¿Por qué la mayoría de las personas se rehúsa a profundizar en ellos y crear una interpretación propia?
Sin duda el paso de Plutón, Júpiter y Saturno por Capricornio nos han marcado la importancia de aceptar que lo que no se conversa no significa que no exista. De cierta forma declaramos el derecho y el deseo a tomar decisiones, pero por otra parte ocultamos el temor a hacerlo. Dependiendo de la índole de la decisión, del contexto y de las implicancias que esta conlleva, cualquier persona en algún momento tiene miedo de tomar decisiones. Por temor a perder relaciones, dinero, trabajo, amistades, tiempo, ilusiones buscamos formas y razones que justifiquen nuestra imposibilidad de decidir, a veces el destino funciona como la mejor excusa para protegernos y evitar exponer y aceptar nuestro temor a equivocarnos, a fracasar, a sufrir o a causar daño.
Desarrollar un concepto más profundo y nutrido para el destino y libre albedrío es un paso importante hacia la libertad y el disfrute de la vida. Cada persona requiere profundizar y definir el nivel de verdades que necesita para sentirse seguro y libre. Es una balanza con un fino equilibrio que es único para cada individuo. Por una parte es necesario acercar el entendimiento hacia algo más grande que opera por sobre nuestra voluntad y a su vez es importante comprender que cada uno de nosotros posee voluntad.
No es una polarización, no se trata de elegir si creemos en el destino o en el libre albedrío, no es un asunto de fenómenos externos o de un poder numinoso. Es un movimiento de marea, que va y viene, y es cuando se detiene que se producen desajustes y podemos caer en el desconsuelo de la soledad humana frente al vasto universo que nos rodea. Para vencer el miedo a decidir debemos identificar hasta dónde llega nuestro nivel de control, comprender que las consecuencias dependen al menos en un 50% de otros, darnos el tiempo para evaluar realmente la intención de la decisión, que queremos lograr, por qué y para qué lo hacemos y confiar en nuestras propias capacidades. Poco importan si es destino o libre albedrío, lo relevante es cómo la persona en sí lo percibe.
No es el destino lo que nos determina, ni es el libre albedrío lo que nos libera. Nos determinan las ideas que tenemos sobre cómo funcionan las cosas, los correctos e incorrectos, los buenos y los malos que hemos creado y por el cuales regimos nuestros actos.
