La investigación contra el “Cafiso” Montiveros nació hace más de un año, cuando efectivos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones se toparon con el dato que lo vinculaba con la venta de estupefacientes en, al menos, tres departamentos del Gran Mendoza mientras trabajaban casos específicos de su área.

Supieron que había cumplido el 10 de agosto del 2009 una pena por infracción a la ley 23.737 (sentenciado en el 2006) y profundizaron la pesquisa.

Así fue como, hace un par de meses, los policías lograron capturarlo en uno de los domicilios que frecuentaba, el del barrio de Pedro Molina IV, de Guaymallén.

Otros dos sujetos terminaron tras las rejas y procesados con prisión preventiva por la Justicia federal. Además de hallarle a la banda casi dos kilos de cocaína de máxima pureza, dos plantas de marihuana y elementos de corte y fraccionamiento, se encontraron cientos de municiones y armas de fuego, como una pistola calibre 9 milímetros Glock con cargador circular, un aparato pocas veces visto en Mendoza.

La investigación que derivó en la detención se había mantenido en secreto por el motivo de que, sospechan, hay más miembros de la organización que siguen en las calles. 

Pero, El Sol confirmó en las últimas horas que César Alberto Montiveros (54), uno de los hombres más buscados de la provincia debido a que era mencionado en diversas instrucciones por comercialización de estupefacientes desde hace años, terminó en prisión.

Es más, fuentes judiciales confiaron que, a fines del mes pasado, la Cámara de Apelaciones Federal le negó la excarcelación que buscaba al entender que existe riesgo de fuga y entorpecimiento de la causa, por los vínculos que mantiene con diversos personajes.

Trascendió que el Cafiso no bajará los brazos a pesar de que las pruebas en su contra son contundentes: buscará la libertad debido a que, sostiene, padece diabetes y no recibe el tratamiento adecuado en la penitenciaría.

Los otros dos detenidos son José María Bustos (41) y José Eduardo Hilarión, quienes fueron procesados por la misma calificación pero con diverso grado de participación en el hecho.

El primero de ellos recibió el beneficio de la prisión domiciliaria (monitoreado con pulsera magnética) porque se tuvo en cuenta que un hijo padece una discapacidad motriz luego de haber sido baleado en la columna vertebral.

Desde hace años

Más allá de la situación procesal de los sujetos, para los detectives, el Cafiso Montiveros –también conocido con los alias de Gordo y Cabezón– era uno de los jefes de una banda que se dedicaba a la distribución de drogas en el Gran Mendoza.

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Su identidad había trascendido después de investigaciones importantes que se desarrollaron en los últimos años en Mendoza, como los más de 2.000 kilos de marihuana compactada incautados en Las Heras y Capital entre los días 8 y 15 de marzo del 2017 o los 9 kilos de cocaína secuestrados en una casa cercana al shopping de Guaymallén a Franco el “Gordo” Padroni (este año fue condenado a 8 años de cárcel), y fueron tras él.

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Los detectives sospechaban por aquellos días que el Cafiso era el verdadero dueño de esa droga y por eso entienden que también debería ser investigado por estos secuestros. Un año estuvieron los policías de Robos y Hurtos trabajando en la causa.

Marcaron tres domicilios y confirmaron que el Cafiso, nacido el 14 de mayo de 1965, pernoctaba en una casa del barrio San Martín de Ciudad, en otra del Pedro Molina, de Guaymallén, y en una de calle Bandera de los Andes, también de este departamento.

Además, confirmaron otros dos datos significativos: que era empleado de la Municipalidad de Guaymallén y que una de sus hijas es auxiliar de la Policía. Este última prueba no fue menor para los sabuesos policiales, debido a que tenían a una colega en la familia del hombre al que seguían de cerca.

Con estos informes, los sabuesos de Investigaciones que desarrollaron los trabajos de campo comprobaron que el Cafiso se dedicaba a la producción de sustancia estupefaciente y su posterior comercialización.

De las actuaciones surge que era el hombre que daba instrucciones al resto de los sujetos que desarrollaban las tareas delictivas cómo debía elaborarse la cocaína, explicaron fuentes del caso.

Estas también agregaron que el Cafiso “era un especie de ñoqui” en la Comuna, porque sólo firmaba y “se iba en sus autos de alta gama a distribuir la droga”, principalmente, en el barrio San Martín.

En esas labores investigativas de vigilancia y seguimiento fue que detectaron a otro de los presuntos miembros de la banda, Hilarión. Este hombre fue visto ingresando a la casa del Cafiso con un bulto entre las manos.

Este “paquete” oscuro lo entregó al sospechosos número uno y luego se retiró del lugar. En su defensa, Hilarión aseguró que se trataba de un par de repuestos para camiones, pero, cuando los efectivos allanaron la propiedad, nunca encontraron esos elementos.

Para los pesquisas, se trataba de armas o drogas. Con todas las pruebas incorporadas en la causa se desarrolló una serie de medidas en las propiedades marcadas.

Así se encontraron dos paquetes de cocaína, que hicieron un peso total de 1.763 gramos, las armas y los proyectiles (más de 200 calibre 22).