“En los persas de Mendoza la crisis llegó para quedarse”. Así lo refieren los propios puesteros que aseguran que la caída en las ventas no es novedosa, pero que se agudizó con la pandemia. De hecho, advierten que desde marzo a la fecha un 50% de los locales bajó sus persianas por no poder afrontar la situación.

“La gente no tiene plata y el poco dinero que cuenta lo reparte para pagar servicios, impuestos y comida. En lo que respecta a ropa y calzados, trata de tirar con lo que pueda hasta donde se pueda”, manifestó a El Sol Alejandro, dueño de dos locales.

Un reflejo de lo que manifiesta el comerciante quedó plasmado en un informe elaborado por la Unión Comercial e Industrial de Mendoza (UCIM) donde advirtió una baja interanual que rondaba el 70% en las ventas por el Día de la Madre.

“Es cierto que para esa fecha las ventas fueron  bajas. Obvio que respecto a como veníamos crecieron, pero respecto al año pasado la caída fue abrupta. El problema no se detiene y no sabemos cuando repuntará todo”, agregó Alejandro.

Los históricos, los más golpeados

“Desde que arrancó la pandemia muchos históricos cerraron sus puertas”, contó Maycol que tiene dos locales. Frente a ese panorama el trabajador aseguró que “acá hay que pensar que mucha gente, que hacía muchos años vivía de esto se tuvo que ir, no logró afrontar la crisis,”.

Las pocas ventas y el pago de alquiler son algunos de los factores de cierre. Los alquileres en los puestos de los persas tienen costos que varían de acuerdo a sus dimensiones y ubicación. Los precios mensuales van entre los $10.000 y $15.000 más las expensas que rondan los $5.000.

“Durante la cuarentena obligatoria, cuando el Gobierno aún no habilitaban a los locales para trabajar, decidimos no cobrar el alquiler, sí las expensas. Hace un mes, debido a las bajas ventas, bajamos el alquiler a un 50%. Todo el tiempo intentamos asistirlos porque somos conscientes de la situación que están atravesando, lo vivimos a diario”, dijo Paulina Sánchez March, propietaria junto a su familia de la Feria Persa de Mendoza que cuenta con 80 locales.

La empresaria también recalcó que “este año no se ha hecho una actualización sobre el importe del alquiler, ya que sabe que se complicará el cobro”. En este sentido destacó que “siempre actualizamos en agosto y hasta la fecha el importe es el mismo desde que arrancó el año”.

“No sé hacer otra cosa”

Maycol tiene un poco más de 40 años, hace 25 años se instaló en la Feria Persa de Mendoza y logró tener dos puestos dedicados a la venta de zapatillas. El comerciante paga por mes dos alquileres más expensas y se le está complicando mantener su fuente laboral.

“No está nada fácil juntar el dinero para pagar el alquiler y cada día se complica más, pero no hay otra cosa más que hacer. Aguantamos o cerramos, opción que muchas veces analicé, pero realmente no sé hacer otra cosa. No terminé mis estudios, no sé trabajar en construcción ni en la cosecha. Mi vida está acá, con esto he mantenido a mi familia y seguiré batallando”, dijo Maycol.

La esperanza, en las Fiestas

Bernabé es otro de los trabajadores del Persa. Tiene dos puestos hace 12 años y si bien admite que la situación no es la que siempre imaginó, no hay que perder las esperanzas.

“Hoy hay que sobrevivir y mantenerse. No se puede proyectar nada a futuro, sólo pensar que las Fiestas de fin de año tal vez nos ayuden a revertir todo esto. Lo dije con el Día del Padre, del Niño y de la Madre y no me resultó, pero no pierdo las esperanzas”, manifestó.

El hombre paga por mes $17.500. Abre las puertas a las 9 y las cierra a las 19. En el local, por disposición de los protocolos sanitarios, está solo, aunque por las tardes es reemplazado por algún familiar.

“Casi nadie en el predio, ni en los predios aledaños, cuenta con empleados. Es difícil pagar sueldos, por ello, la mayoría trabaja en familia, con esposas, hijos, nueras o yernos”, contó Bernabé.

Más trabas

Más allá de la crisis económica, los trabajadores también tienen que afrontar un serio inconveniente que es la imposibilidad de viajar para comprar la mercadería, lo que hace que sus ganancias también sean menores.

“Obviamente que ganamos menos dinero porque el envío tiene un costo superior a lo que pagamos si viajáramos, pero no sólo contamos con ese problema sino que la mercadería que nos envían no es la misma que solicitamos. Llegan colores diferentes, talles discontinuos y nada tiene devolución. Sinceramente el panorama es muy desolador”, expresó Bernabé.

Por su parte,  Maycol agregó que “nos arriesgamos a que nos metan el perro, de hecho me pasó. Invertí $90.000, la mercadería nunca llegó y tuve la mala suerte que el que me la vendió falleció”.

“Esto pasa en el mundo entero y afecta a millones de comerciantes. No queda más que aguantar y subsistir, esto también pasará”, cerró Maycol.