Para la presidenta, el 2008 fue un año fantástico. No sé cómo le habrá ido a usted el año pasado, pero mi billetera y yo no lo recordamos como un año de abundancia. Sin embargo, ahí están las cifras del INDEK, que aseveran lo que dijo la presidenta. Para el INDEK, estamos tan bien que países como Suecia y Canadá nos están pidiendo instrucciones para poder salir de la angustiosas situación económica que afrontan.

    La desocupación no aumenta aunque haya aumentado bastante, los pobres son pobres pero de una pobreza llena de posibilidades de pobreza, los indigentes no tendrán qué comer pero cualquiera puede acceder a un tubito de escarbadientes. Para el Gobierno, mejor no podemos estar, y se queja de que los medios no damos los indicadores económicos que avalan tal situación de esplendor. Es que, por ahí, señora presidenta, lo que filman nuestras cámaras, por ejemplo, en los barrios más carenciados, dista un poco de su exultante optimismo sobre la situación de los argentinos. Nuestras cámaras ven, nuestras cámaras muestran, y no podemos aplaudir si están mostrando gente que no tiene techos, pisos, tiene paredes de cartón y cocina sobre la tierra. ¿Se da cuenta? Aparece como una falta de respeto a nuestro público, y eso no lo haríamos jamás.

    Yo sé que estamos en tiempos electorales y todas las declaraciones, prácticamente todas las que se hacen en estos tiempos, apuntan a pescar un votito más en una sociedad que todavía no está muy segura de lo que hay que hacer. Pero bueno, una cosa es lo que se dice y otra cosa es la realidad. Usted dirá que los números nos favorecen, pero, por favor, pregunte usted, si no fuera mucha molestia, a quienes viven en el hacinamiento en Retiro, cerquita de la Casa Rosada, si a ellos los números los favorecen. Usted quiere decir que al país le va cada vez mejor, y está bien el asunto, me llena de satisfacción, pero más me gustaría que cada uno de sus habitantes sintiera que le va mejor. Entonces sería una realidad tangible y no un discurso de temporada.