Domingo Faustino Sarmiento falleció el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años, en Asunción de Paraguay. Allí se había instalado algunos meses antes por consejo de sus médicos, para evitar los rigores del invierno en Buenos Aires que podían afectar su salud.

Su cuerpo fue repatriado apenas diez días después y el funeral se realizó en el Cementerio de la Recoleta, con Carlos Pellegrini como uno de los oradores. “El cerebro más poderoso que haya producido la América”, dijo, en referencia a Sarmiento.

El deceso se produjo a las 2:15 del 11 de septiembre. Al otro día llegaron a la casa de Sarmiento el embajador en Paraguay, Martín García Merou y el fotógrafo Manuel San Martín, quien tenía la misión de retratar al ilustre difunto.

Una costumbre de época

El tomar una imagen post mortem era una práctica relativamente corriente a pesar de que la fotografía era todavía un invento reciente (1839). Lo que hoy resultaría morboso era la costumbre aceptada, cuyo objetivo era dejar una constancia de ese momento final de la existencia de la persona.

Por lo general, estaban destinadas a la familia, pero en los casos de personajes públicos, podían ser difundidas, para consumo de una audiencia más masiva. La de Sarmiento es una foto “posada” que publicada en la prensa de Buenos Aires.

Foto “posada”

Según publica el diario La Nación, Sarmiento estaba acostado boca arriba, en una cama baja, con una sábana blanca que lo tapaba hasta el pecho. El fotógrafo explico que la mala iluminación, más la sábana blanca, impedirían una buena toma. Pero nadie hizo caso al comentario del profesional y le pidieron que lo retratara de esa manera.

Lo único que reveló el revelado, que se hizo en el mismo lugar, fue que San Martín tenía razón: no se distinguía la figura yaciente del prócer.

Se improvisó una junta de expertos en opinar y se determinó sentarlo en el sillón mecánico que Sarmiento solía utilizar para descansar y relajarse. Pero cuando entre cuatro personas lograron levantarlo y llevarlo al sillón, se toparon con la rigidez cadavérica (la cadera y las rodillas habían perdido flexibilidad).

Regresaron el cuerpo a la cama y se inició otra ronda de consultas. Finalmente se decidió aprovechar las ventajas del sillón mecánico para colocarlo de la manera más horizontal posible y tapar sus piernas con una manta negra para disimular la rigidez.

Por eso cuando la imagen póstuma fue difundida en un periódico ilustrado de Buenos Aires, se corrió la voz de que a Sarmiento la muerte lo había sorprendido mientras trabajaba en la corrección de textos propios.

Luego el cuerpo de Sarmiento fue embalsamado por sus médicos de cabecera. Inmediatamente los restos fueron embarcados rumbo a Buenos Aires en un barco que se detuvo en cada puerto para que la gente pudiera despedirlo.