Para bien o para mal todos los eventos inesperados de este año nos están transformando, en distintos niveles: como sociedad, como sistema y como individuos. Al pasar de los meses hemos ido experimentando distintas posturas frente al aislamiento social y la pandemia y también en relación al sistema de vida que era “normal” y que ya no lo es. No es posible determinar cómo será el futuro, si muy distinto o bastante similar a lo conocido. Lo que sí es posible dimensionar es el ahora. Es mi actual presente y observar de qué está hecho.

Visión de tunel no es ceguera lateral, es entrenar un foco de atención. Implica poner atención a quienes son mis afectos, con quien comparto mis sueños, mis miedos, mi tiempo, mi energía. La mayor parte de las veces confundimos vivir en el presente con la irresponsabilidad de dejar de nutrir un futuro. Vivir el presente no significa dinamitar el pasado ni tampoco hipotecar el futuro. No todo lo anterior fue malo y tampoco debemos dejar de construir para un mañana.

Desde la astrología existen planetas personales, se llaman así porque están más cerca de la tierra y se cree que vemos con mayor facilidad su expresión en el comportamiento humano. Es fácil asociarlos con arquetipos, por ejemplo, todos conocemos  y entendemos el arquetipo del Guerrero (Marte), del intelectual (Mercurio), de la doncella (Luna), del amante (Venus), del rey (Sol), del hombre de negocios exitoso (Júpiter) y del hombre bueno y perseverante (Saturno), son energías arquetípicas sin distinción de sexo.

Todos podemos identificar una faceta de estas energías en nosotros mismos. Pero existen otros tres planetas visibles en el sistema solar: Urano, Neptuno y Plutón. ¿Qué sucede con el efecto de estos? Estos planetas denominados transpersonales, son bastante nuevos en su descubrimientos astronómico, pero desde la antigüedad están presente en los mitos: Neptuno, dios del mar; Urano, dios de los cielos y Plutón, dios del infierno. Los cambios repentinos y de gran nivel se asocian a Urano, dios de los cielos, siempre en artilugio con otros dioses primogénitos del Olimpo. La posición astrológica que hoy ocupa Urano es la misma que en la Segunda Guerra Mundial.

Más allá de alarmarnos y crear predicciones catastróficas que de nada sirven, porque prepararse para un futuro imaginario implica dejar de nutrir el presente. Sin duda que no es fácil comprender la energía de Urano, y mucho menos activarla en nuestras vidas, sin embargo, somos seres con una gran capacidad de aprender de lo que vemos. Somos grandes emuladores. Y para ejemplificar la fuerza de la energía Uraniana podemos aprender de la personalidad de Michael Jordan, de signo Acuario, sin embargo no es la energía del signo la que marca su gran fuerza y convicción; sino la oposición de su Sol a Urano, y otros detalles astrológicos que no viene al caso profundizar para explicar la fuerza de su visión de túnel.

Desarrollar visión de túnel en principio implica valentía, salir de la zona cómoda y dejar de esperar que otros hagan las cosas por uno. También requiere aprender a diferenciar los momentos, y saber que algunos requieren de una totalidad al 100%, estar presente en cuerpo y alma, sin duda, sin titubeo, moverse hacia un único objetivo y seguir hasta el final. Visión de túnel es vivir el presente  y requiere aprender a identificar el campo de batalla y saber cuando estamos ahí. Y cuando no se juega, se entrena. Al entrenar nos preparamos para el futuro, pero no desde el sacrificio ni el lamento, perseverancia y esfuerzo jamás han sido sinónimos de sacrificio o inmolación. Las justificaciones morales vienen desde el pensamiento, el deber ser, el miedo al qué dirán y la necesidad de ser aceptados son lejanos al presente. Entrenar implica sonreír, tomar consciencia de los detalles y las cosas simples de la vida, implica hacernos cargo de los propios talentos, nutrirlos, fortalecerlos y compartirlos desde el disfrute y el simple hecho de vivir.

Urano es el gran Chamán, quien no sólo es un mago y un sanador cuando es necesario. El gran Chamán es el  gran líder que  lleva la vida a otro nivel de existencia.