Primer acto: el intendente de Las Heras, Daniel Orozco, se cortó solo y el Gobierno provincial salió a cruzarlo. Tenían razón en el Ejecutivo: lo que hizo en el polideportivo Polimeni no fue más que una puesta en escena. Agarró unas camas y unos colchones que ya estaban en las instalaciones y las ubicó en el estadio cubierto. Otros jefes comunales replicaron la idea. Matías Stevanato y Sebastián Bragagnolo, de Maipú y Luján, respectivamente. Emir Félix, de San Rafael, y Fernando Ubieta, de La Paz, comunican como si fueran provincias aparte; cuasi independentistas. O librepensadores.

Lisa y llanamente, los acusaron de vender humo; de no respetar la decisión gubernamental de seguir de manera taxativa los lineamientos del Ministerio de Salud de la provincia. Cada lineamiento está pensado y diseñado para evitar errores y filtraciones en su implementación. 

Segundo acto: Rodolfo Suarez cuestionó a la Nación porque bloqueó la compra de respiradores que había hecho la Provincia y porque la cantidad de reactivos que esperaba para hacer los tests del coronavirus en Mendoza estaban demorados. La respuesta llegó directamente desde la máxima autoridad sanitaria del país. Ginés González García aclaró que, igual que en el párrafo anterior, cada lineamiento está pensado y diseñado para evitar errores y filtraciones en su implementación.

Es cierto que, después de varios días, Ginés reapareció para responder el planteo mendocino. Por decisión propia o ajena, el ministro había bajado el perfil después de reconocer que hizo un mal diagnóstico de la llegada del coronavirus a Argentina.

Es un momento demasiado delicado como para mostrar las rebarbas del sistema. Lejos de eso, la dirigencia está quedando enganchada en discusiones que poco favor le hacen a una población que vive en el peor de los estados: la incertidumbre. Y, cuando esto ocurre, buscan que alguien pueda llevar un poco de claridad y se establece cuál será el rumbo. Más allá del bajo nivel de institucionalidad que tiene el país y del descreimiento y la baja imagen que pesa sobre la clase política, en una crisis no hay margen. Es confiar o confiar. O, si no tiene una solución, que al menos no se convierta en un problema más.

La cuarentena, por momentos, parece desmadrarse. No hay consciencia colectiva ni espíritu de grupo. Y se replica en todos los niveles. No hay funcionario que le escape a la tentación de promocionarse en medio de la pandemia. Que hacen esto, que hacen lo otro; que proyectos por acá y proyectos por allá. En la mayoría de los casos, un compendio de obviedades y demagogia. Todo, claro, a través de videconferencias. Un descubrimiento en pleno Siglo XXI para algunos.