La camioneta que le robaron a Nahuel Nicolás Acevedo (34), el hombre que fue asesinado días atrás en Godoy Cruz, fue hallada quemada la madrugada de este domingo en el barrio Campo Papa. Por el caso hay tres detenidos, quienes fueron imputados y pasarán a la cárcel.
Los detectives del caso creen que el rodado fue utilizado para trasladar el cadáver de la víctima desde su casa hasta el camping de Blanco Encalada, Luján, donde encontraron su cadáver. Por ese motivo, quienes lo tenían a su cuidado decidieron quemarla para deshacerse de la evidencia.
Fue alrededor de las 3 cuando un llamado ingresó a la línea de emergencias 911 para alertar sobre un vehículo en llamas en el interior de las canchas de fútbol ubicadas cerca de las calles Chuquisaca y La Virgen.
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Personal de Bomberos Voluntarios de Godoy Cruz se desplazaron hasta el lugar para extinguir las llamas. Una vez que se finalizaron con las tareas de enfriamiento, se verificó a través del número del chasis que se trataba de la Peugeot Partner Patagonia que pertenecía a Acevedo.
El rodado fue uno de los faltantes que se detectaron el miércoles en el domicilio de calle Corrientes al 1800, cuando policías se dirigieron hasta el lugar porque un amigo de la víctima denunció su desaparición.
El jueves, antes de dar con el cadáver de Acevedo, se encontró durante un allanamiento una mochila con planos y actas notariales de su casa, la cual tenía a la venta.
Los documentos se encontraban en la vivienda de un compañero de trabajo, identificado como Ernesto Marcelino Funes Berrios, alias Quinchín, un ex convicto con un extenso prontuaria que quedó detenido como principal sospechoso.

La hipótesis principal sostiene que Quinchín tenía intenciones de quedarse con la propiedad de Acevedo. Para esto, planificó junto a dos sobrinos el asesinato, a sabiendas de que el hombre no tenía familiares en la provincia, ya que era oriundo de Buenos Aires y deseaba volver a tierra natal, explicó un investigador.
Incluso, surge de las averiguaciones que a Funes Berrios lo estaban desalojando del domicilio en el que residía, motivo por el que necesitaba un lugar para vivir, agrega la información.
La relación de confianza que mantenía con Acevedo, con quien hacía changas para ganarse la vida, le permitió acceder fácilmente a su casa. En la misma, no se hallaron evidencias de que las entradas hayan sido forzadas o violentadas, es decir, la víctima le abrió la puerta a los homicidas.
Así, con una importante carga probatoria, Quinchín fue imputado este domingo junto a sus sobrinos, Felipe Funes y Leandro Ñaño Luján, como coautores del delito de homicidio criminis causa, con el que arriesgan como única pena la prisión perpetua.
Denuncia y alerta
Fue el miércoles la última vez que Acevedo mantuvo comunicación con sus allegados. Después de eso, nadie volvió a saber de él, motivo por el cual el jueves un amigo se dirigió hasta la Oficina Fiscal Nº 3 de la Comisaría Séptima para radicar la denuncia de paradero.
El testigo contó la situación a las autoridades y policías lo acompañaron hasta el domicilio de la víctima, donde se encontraron con una escena que encendió provocó alerta: la casa estaba desordenada y habían rastros de sangre que iban desde la habitación hasta la puerta de ingreso.
Además, el amigo de Acevedo notó que faltaba la Peugeot Partner.

Todos esos elementos dieron inicio a una exhaustiva búsqueda de Acevedo, debido a que las posibilidades de que haya sido víctima de un hecho violento eran altas.
La pesquisa condujo rápidamente hacia Funes Berrios, quien tras su detención se quebró frente a los policías y reveló la ubicación donde habían enterrado el cadáver de la víctima.
Los restos fueron encontrados en el camping Los Sapitos, ubicado al sur de la ruta Panamericana, en Luján.
