En el mundo ya hay 101 experimentaciones para conseguir una vacuna contra el COVID-19. Aún así, sólo los más optimistas creen que en dos o tres años se podrá ir a la farmacia para conseguirla.
¿Qué ocurre, sin embargo, si nunca se encuentra, como ocurre con el SIDA?
En 1984 cuando en Washington se anuncia el descubrimiento del VIH, la entonces secretaria de Sanidad, Margaret Heckler, consideró que se desarrollía una vacuna en el plazo de dos años. Hoy, 32 millones de muertos después, el mundo sigue esperando la solución al virus.
Hay distintas técnicas para producir vacunas, con tiempos diferentes. Poder alcanzar en un año y medio la vacuna sería algo inédito en la historia, que no se ha logrado nunca.
“Existen un centenar de proyectos con varias técnicas, cada uno con sus ventajas y desventajas. No sabemos qué candidato llegará primero a los resultados esperados”, comenta Sergio Abrignani, inmunólogo que trabaja en Milán.
Roben van Exan, biólogo celular que ha trabajado en el sector de las vacunas durante décadas, entrevistado por el New York Times, prevé que no se aprobará la cura para este coronavirus antes del 2021 o 2022.
“Y es una visión optimista, con una probabilidad muy baja, pero vale la pena intentarlo”. Por norma, los investigadores siguen riguroso controles de seguridad antes de inocular vacunas experimentales.
Durante la fase 1, la vacuna se prueba sobre una docena de personas; llegan al centenar en fase 2 y mejora en la fase 3. En general, pasan meses entre una fase y otra, de modo que los investigadores pueden estudiar los resultados antes de avanzar.
Si la vacuna no se halla en un breve periodo de tiempo, es probable que el Sars-Cov-2 se quede durante muchos años, por lo que habrá que convivir con una enfermedad que no se puede eliminar.
Gracias a los antivirales del VIH, el Sida se ha convertido en una enfermedad crónica y ya no es una condena de muerte como en los años 80. También con la enfermedad del Covid-19, los científicos están trabajando para encontrar curas con viejos y nuevos fármacos, pero los estudios acaban de comenzar.
En muchos casos se trabaja con pruebas empíricas en los hospitales, donde se suministra a algunos pacientes remndesivir, el fármaco contra el ébola, tratamientos con plasma sanguíneo o la cloroquina. Faltan, de todas formas, estudios controlados y aleatorios y habría un problema en pruducir el medicamento a gran escala.
Se estudian 271 terapias, de las cuales, alrededor del 10% de los estudios clínicos no han sido aprobados por la administración americana, por ejemplo. El resto cae: no son eficaces, o no son mejores que los fármacos existentes o provocan demasiados efectos secundarios.
Convivir con el virus puede significar muchos cambios en la cotidaneidad: el barbijo podría ser tan esencial como el celular, un ataque de tos sería visto como una amenaza. Amesh Adalja, del Hospital John Hopkins, declaró que “octubre de 2020 no será parecido a octubre de 2019”.
Hay muchos escenarios posibles: desde una proyección de cientos de miles de muertos en agosto hasta nuevas oleadas mientras se espera la llegada de la nueva normalidad, con focos de Sars-CoV-2 al menos durante un par de años.
