“Todos saben que mi relación con el presidente Mauricio Macri no ha sido buena”, se sinceraba Alfredo Cornejo –el gobernador de la provincia, cuando ofrecía su primer discurso el domingo en la noche– apenas se conocían los primeros datos de una elección a gobernador provincial que le terminaría dando al radicalismo un resultado aplastante por sobre el kirchnerismo mendocino y se confirmaba el triunfo de Rodolfo Suarez, relegando 15 puntos atrás a la senadora Anabel Fernández Sagasti. Y, tras esa declaración, para nada sorprendente, Cornejo desplegaría la peor andanada de críticas que haya recibido el candidato a la Presidencia Alberto Fernández en medio de la campaña hacia las elecciones del 27 de octubre: por caso, Cornejo dijo que el proceder del compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner resultó ser una “estupidez”, aludiendo al despliegue de aviones privados y el desfile de gobernadores peronistas –entre ellos, el polémico Mariano Arcioni, de Chubut– que llegaron pocos días antes de la elección provincial para darle su apoyo a la candidata camporista.
El gobernador mendocino no se quedó allí, también relacionó ese movimiento, ese estilo y esa estrategia de Fernández con los bolsos de José López, con la corrupción del kirchnerismo y la demagogia del populismo.
Tras las PASO del 11 de agosto, Cornejo tomó la decisión de retirarse de la campaña nacional por la reelección de Macri, molesto por el rumbo del gobierno del que la UCR es parte dentro de Cambiemos. Y, al concentrarse en la elección provincial para que Suarez obtuviese la victoria, les pidió a los funcionarios del Ejecutivo nacional –incluyendo al propio presidente– que se abstuvieran de aparecer por la provincia para no interferir en la estrategia puramente provincial en la que se había parado.
La victoria de Cambia Mendoza sobre la candidata de La Cámpora, de Cristina y de Alberto por 15 puntos, tonificó a Cambiemos a nivel nacional. Al menos así lo percibieron en la Presidencia y en, prácticamente, la totalidad del oficialismo nacional, todavía esperanzado en que Macri pueda recortar la distancia que le sacó Fernández el 11 de agosto.
Es improbable que eso suceda, pero nadie le quita el sueño al macrismo de que el triunfo de Cornejo y de Suarez en Mendoza pueda tomar un cariz nacional y un efecto contagio que le cumpla ese milagro. Hablan de un inesperado “envío anímico” para que, entre otras cosas que debieran cumplirse, Macri pueda lograr que quienes no fueron a votar el 11 de agosto, ahora lo hagan en gran número y que la inmensa mayoría de esos nuevos votantes se inclinen por su boleta. Además, que aquellos electores que prefirieron a otras fuerzas minoritarias, el 27 de octubre se vuelquen a su favor, dándole al voto lo que se considera un uso y valor “útil”.
Y, mientras todo esto sucede en la Rosada, envuelta en la campaña nacional, con el triunfo del domingo, Cornejo se lanzó decididamente a darle cumplimiento a otro de los aspectos centrales de la estrategia que pensó para alimentar sus nuevos objetivos. Tiene que ver con su aterrizaje en la escena nacional, de cara a lo que será el rol que cumplirá a partir del año próximo, cuando acceda a una banca de la Cámara de Diputados de la Nación. Una anécdota de los días previos a la elección del domingo pinta de cuerpo entero el próximo objetivo de Cornejo: a mediados de la semana pasada, Cornejo ya había recibido el último informe sobre las encuestas elaboradas por Elbio Rodríguez. Luego de repasarlas con obsesiva minuciosidad, tomó un papel en blanco y comenzó a delinear los trazos gruesos por donde discurrirá su discurso de campaña nacional con vistas al 27 de octubre. Y allí escribió, de entrada, que su deseo es convertirse en un diputado de la Nación que trabaje por el empleo genuino y el esfuerzo, en contra de los planes sociales y de todas aquellas políticas sociales que, con el tiempo, se han convertido en las peores enemigas de aquellas personas que quieren salir de la pobreza y la marginación, pero sin conseguirlo. Alguien cercano, con el que tiene relación directa y con quien comparte las primeras impresiones al momento de diseñar una estrategia electoral, lo convenció de frenar el impulso, de esperar las elecciones del domingo, para luego revisar y encontrar las mejores formas para hacer llegar el mensaje de manera limpia y sin confusiones.
Cornejo llegará al Parlamento con la intención de liderar la oposición. La presencia de Gerardo Morales y de su amigo personal Martín Lousteau en los festejos del domingo van en esa dirección: construir un nuevo radicalismo que se convierta en la verdadera oposición a Alberto Fernández, si es que el peronista alcanza la Presidencia en las elecciones venideras. El triunfo del domingo era vital para que Cornejo pudiese activar la segunda parte del plan. No obstante, la meta tuvo un inesperado apoyo. Fue el que vino de parte del propio Alberto Fernández cuando decidió involucrarse en persona en la campaña por la Gobernación mendocina.
La victoria de Suarez hubiese tenido trascendencia en la Nación, claro está, pero las varias visitas de Fernández a Mendoza –la última con los gobernadores y aquel acto en la coqueta bodega de Luján– hicieron el resto. La nacionalización que propuso el candidato del peronismo para ayudar a Fernández Sagasti y la posterior derrota de su candidata, han puesto al aspirante a la Presidencia al menos en el compromiso de revisar sus pasos, sus acciones y a tomar lo que viene con un poco más de cautela.
