Esta semana, la unión de Venus y Marte en el signo de Virgo nos recuerda que el amor y la pasión son uno de los ejes centrales de nuestra vida desde que el mundo es mundo. Desde la Ilíada hasta gran parte de las películas actuales, el amor es uno de los principales motores del ser humano. La Luna llena en Acuario recién pasada en gran medida removió la forma que deseamos estar en pareja, abrió cuestionamientos de libertad, más allá de una mayor necesidad de espacio o una crisis temporal. Replantearnos las responsabilidades con las que vivimos está siendo una de las principales consecuencia de las alineaciones de este año, y, sin dudas, esto no deja fuera los vínculos de pareja.

Esta semana, eventos aparentemente sorpresivos, muestras de amor drásticas e impulsivas serán el resultado de un proceso subterráneo que se ha venido forjando. ¿Cómo no caer en la duda y en la culpa después de actos inesperados o socialmente poco aceptados? ¿Es importante lo que siento y elijo yo o debo aceptar lo que esperan los demás? La astrología nos entrega claves para todas las preguntas que son un dilema respecto de ser o no ser, para todas las situaciones en las que parece que –elijamos lo que elijamos– siempre, de una u otra forma, perdemos. La principal clave no es elegir, sino, más bien, integrar.

¿Cómo cumplo mis deseos y la expectativa del otro? Cuando esta es la pregunta que aparece en nuestra mente, el primer paso es darnos cuenta de cuáles son, profundamente, nuestros deseos, sin aplicar juicios ni cuestionamiento, simplemente, observarlos y aceptar que muchas veces carecen de racionalidad y fundamentos. Es necesario dar paso a la energía de Marte, la energía de la individualidad, la fuerza del impulso y la autoafirmación. Sólo quien se conoce a sí mismo acepta y valida al otro como un ser distinto y, tal vez, complementario.

El segundo paso es comprender que cuando escuchamos o interpretamos la expectativa o el deseo del otro, siempre es un espejo, un mapa, un boceto, nunca la realidad  en su totalidad. El deseo original siempre es del otro y es gran parte de su responsabilidad cumplirlo, porque es un deseo vivo y en movimiento. Esa es la energía de Venus, que permite crear espacio para un otro, cuando entrega el poder del control y elige sólo acompañar. Considerando ambas energías opuestas y complementarias, replantear la pregunta sería así: ¿Cómo vivo mis deseos colaborando con la expectativa del otro? Esta inquietud nos lleva del blanco y negro anterior a una escala de grises, en la cual, tal vez, no haya una respuesta cien por ciento satisfactoria pero sí un camino.

¿Cómo saber si es un acto de amor lo que estamos haciendo? Comprendiendo que no es sólo un acto aislado y espontáneo, sino, más bien, el resultado de un proceso que, lo aceptemos o no, hemos creado y sostenido en nuestro interior por más tiempo del que parece. Nada se gesta de la nada, y esta semana comprenderemos por qué algunos consideran que el amor es más que una palabra habitual con gran carga social, es, simplemente, una fuerza inherente al ser humano.