Es una realidad que ha traído el confinamiento por el COVID-19. Y es que miles de niños de Mendoza y el resto del mundo se encuentran estos días ante una situación excepcional como es el no tener que ir al ‘cole’ y vaya a saber hasta cuándo.

Como una medida de freno a la expansión del coronavirus, las escuelas tuvieron que cerrar sus puertas y por tanto, los niños quedarse en el hogar, una situación que no sólo les afectar como una alteración de su rutina, sino el estado emocional que se está creando a su alrededor. “Al no haber vivido en la historia contemporánea una realidad como ésta, el desconcierto no es sólo para los niños, también para los adultos”, afirma la psicóloga escolar y psicóloga de UIC Barcelona Blanca Batllori, quien da unas pautas de cómo es posible explicarles estas circunstancias a los más pequeños.

Transmitirles calma y tranquilidad

La psicóloga afirma que lo más importante es que los adultos transmitan calma y serenidad a los niños, intentando racionalizar la situación al máximo. Para ello, se sirve de un ejemplo muy sencillo: “Cuando un niño de entre 1 y 5 años se cae, lo primero que hace es mirar cuál es la reacción de su madre o padre”. Es decir, para ellos nuestra reacción es fundamental, por lo que debemos evitar exagerar o adelantarnos a las circunstancias, ya que lo único que lograremos con esto es “crear más psicosis”.

En el caso de los pequeños de primaria y secundaria, al tener más edad y madurez, podrán comprender mejor lo que sucede. “Les podemos explicar que es una enfermedad contagiosa, pero indicándoles que la mayoría se curan, que nuestro sistema sanitario es muy bueno y es capaz de atender a todos los enfermos”.

Es más, afirma que para que les resulte más sencillo, se puede buscar dar un ejemplo cercano que hayan vivido, como la varicela. De este modo, entenderán que “al igual que en el colegio, cuando alguien la tiene se queda en casa para no contagiar a sus compañeros y a los profesores, con el coronavirus ocurre algo parecido. Nuestro objetivo es procurar que no se extienda, y para evitarlo debemos seguir medidas de precaución como lavarnos las manos, toser tapándonos con el codo… Eso sí, sin alarmarles, puesto que si nosotros mostramos preocupación excesiva, aumentará su ansiedad. Y tampoco podemos permitir que se convierta en una obsesión en los niños”, argumenta la experta.

Intentar mantener sus rutinas dentro de lo posible

“Dentro de la situación en la que cada familia se encuentra, porque nunca hemos vivido una situación igual, debemos intentar mantener las máximas rutinas posibles”, detalla la psicóloga. Es decir, evitar que los niños perciban esta situación como unas “vacaciones adelantadas” ya que, además, “tampoco sabemos cuánto se va a alargar”. Para conseguirlo, recomienda:

Establecer un horario, al igual o similar que cuando van al colegio.

Marcarles unas tareas, en función de su edad. Los más mayores seguro que tienen deberes, mientras que los de menos edad pueden dibujar, pintar.El propósito es que realicen actividades que se asemejen a lo que hacen diariamente en el colegio.

Salir al patio o jardín o en su defecto, disponer de algún espacio dentro del hogar para que puedan practicar ejercicio físico.

Remarcarles que no son unas vacaciones, que no pueden jugar a videojuegos y ver la televisión todo el día.

Normalidad y tranquilidad. Cuanto más normalicen esta situación rara, más pronto saldrán de ella, y la psicóloga anima a “reorganizar este desorden de la mejor manera”.

No permitir que el coronavirus se convierta en un tema recurrente de conversación. Vivimos rodeados de información, por lo que es muy complicado “aislarles”, pero con mucha calma, se ha de procurar que ellos puedan volver, poco a poco, a su vida cotidiana, y “que se preocupen más de su examen de matemáticas que del coronavirus”.

Así, siguiendo estas pautas, es posible lograr que los niños recuperen un poco de la normalidad perdida. “No tenemos seguro hasta cuándo se va a alargar, así que la clave será intentar reorganizar el desorden de la mejor manera”,finaliza Blanca Batllori.