El presidente Alberto Fernández tuvo que cambiar algunos de sus hábitos, sobre todo su costumbre de saludar con besos, abrazos y apretones de mano en medio del brote del coronavirus COVID-19 en Argentina.
Si bien está próximo a cumplir 61 años y no forma parte del sector de 65 años que tiene mayor riesgo de contraer complicaciones, la salud del presidente es un tema de Estado.
Con el fin de reducir riesgos, Fernández recibirá este martes a primera hora la vacuna antigripal en un operativo de vacunación temprana que incluirá también a su mujer, Fabiola Yáñez y a los funcionarios con los que tiene trato diario, como el secretario de Comunicación Pública, Juan Pablo Biondi, y el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello.

Entre otros cuidados, a las personas que trabajan entorno al mandatario se le toma la temperatura diario, lo que incluye los ingresos a la Casa Rosada y la residencia de Olivos, donde hay agentes provistos con termómetros laser tipo pistola.
Fernández tiene antecedentes de enfermedades respiratorias. Después de abandonar la Jefatura de Gabinete sufrió una embolia pulmonar. Y antes del inicio de la campaña presidencial también estuvo tres días en el sanatorio Otamendi por otra complicación respiratoria.
“Son enfermedades agudas, ya tratadas, que no dejaron secuelas ni limitaciones funcionales. Hoy incluso ya dejó atrás la tos seca que tuvo en los meses posteriores a la pleuritis”, dijeron fuentes de la Unidad Médica Presidencial.
De todas maneras, desde el gobierno no dejan ningún cabo suelto y todas las audiencias pasan por el filtro de la Unidad Médica Presidencial.
Entre las disposiciones ninguna persona que tenga más de 37º de temperatura puede acceder a la Casa Rosada, debe irse directamente al centro de salud más cercano.
“Me cuido como todo el mundo”, asegura el Presidente, cuando lo consultan por su salud, y remarca que se siente muy bien, pero se han contemplado todos los detalles para que no se enferme del tan temido mal que tiene en alerta al mundo.
