En su primera acepción, la palabra club, palabra inglesa, significa garrote. Se extendió como equivalente de sociedad política por lo general clandestina. Finalmente, la idea de un todo sólido, un conglomerado, primó en esa palabra para designar cualquier asociación fundamentalmente deportiva. Muchas veces hemos hablado de la importancia que ha tenido el club en la historia de la conformación del ser nacional.

    El club como institución de enseñanza, pero no solamente deportiva, sino también artística, como lugar de encuentro social, como una especie de fábrica de amigos.Muchas veces hemos dicho que, tal vez, la vuelta a los clubes de barrio sacaría a muchos adolescentes de la calle y les daría un motivo para desarrollarse sanamente, cuidando sus físicos, pero también la física de sus mentes. Una característica prácticamente común para todos los clubes es la ausencia de ánimo de lucro en cuanto a las actividades desarrolladas.

    Pueden realizar, además de las actividades propias de sus fines, otras que podrían ser consideradas como empresariales, siempre y cuando el beneficio de tales actividades sea aplicado a la continuidad del club. Bueno, no todos, porque hay uno por ejemplo que está muy interesado en cobrar y con todos los intereses posibles. Me refiero al Club de París. El Club de París es un foro de acreedores oficiales y países deudores, cuya función es coordinar formas de pago y renegociación de deudas externas de los países e instituciones de préstamo.

    Pues bien, a esa institución le debemos nada más que 6.706 millones de dólares, que es lo que ha dispuesto Cristina que se pague con las reservas del Banco Central. Yo digo, me parece bien que un país cancele sus deudas, creo que nos da mayor confianza a nivel internacional y que es más fácil que de esta manera lleguen más inversiones.Ahora, a mí me gustaría saber qué se hizo con esos 6.706 millones. ¿Dónde están? ¿En caminos, en fábricas, en escuelas, en ferrocarriles, en diques? Porque está bien que paguemos, en definitiva no es Cristina, somos nosotros los que nos ponemos, y bueno sería saber por qué estamos pagando, qué se hizo con lo que se pidió, y si se gastó hasta el último peso en algo que sea útil para todos. No lo creo.Pero igual vamos a pagar.

    Yo digo, Kelso Kake, que no le puede cobrar los 35 millones que le prometió Cristina, ¿no debería cobrárselos a través del Club de París? En fin, hay distintos clubes, está el Club de París y el Club de los parias. En su primera acepción club significa en inglés, garrote. Pues de nosotros es el chichón.