Peston Estep estaba sólo en su laboratorio, en algún lugar de Boston, Estados Unidos. Sin grandes compañías detrás, ni subsidios millonarios, datos animales o permisos éticos; contaba con los ingredientes para una vacuna y un solo voluntario: él mismo.
Estep revolvió la mezcla y se la roció en la nariz.
Cerca de 200 vacunas contra el COVID 19 están en desarrollo y unas tres docenas se encuentran en diversas etapas de pruebas en humanos. Pero en lo que parece ser la primera iniciativa de vacuna de “ciencia ciudadana”, Estep y al menos otros 20 investigadores, tecnólogos o entusiastas de la ciencia, se ofrecieron como ratas de laboratorio para una inoculación casera contra el coronavirus.
Ellos aseguran que es su única oportunidad de volverse inmunes sin esperar un año o más para que se apruebe formalmente una vacuna.
Entre los que tomaron la vacuna de bricolaje se encuentra George Church, el famoso genetista de la Universidad de Harvard, que tomó dos dosis con una semana de diferencia a principios de este mes. Ambas le llegaron por correo y él mismo mezcló los ingredientes.
Church dice que no ha salido de su casa en cinco meses, pero cree que la vacuna diseñada por Estep, su ex estudiante de posgrado en Harvard y uno de sus protegidos, es extremadamente segura.
“Creo que corremos un riesgo mucho mayor de COVID considerando de cuántas formas se puede contagiar y qué tan variables son las consecuencias”, indicó.
Sin embargo, por inofensiva que sea la vacuna experimental, el tema principal es si protegerá a quienes la reciben. Además, los investigadores independientes que la están creando y compartiendo podrían estar caminando sobre el borde de un precipicio legal.
¿Se puede hacer eso?
Sin embargo, al distribuir instrucciones e incluso suministros para una vacuna, el grupo Radvac (como se hacen llamar) está operando en una zona gris legal. La Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) requiere autorización para probar nuevos medicamentos. Estos científicos, sin embargo, no pidieron permiso a la agencia ni consiguieron que ninguna junta de ética firmara el plan.
Estep cree que Radvac no está sujeto a supervisión porque los miembros del grupo se mezclan y administran la vacuna ellos mismos, y no hay dinero que cambie de manos. “Si solo lo está preparando y tomando usted mismo, la FDA no puede detenerlo”, aseguró Estep.
La FDA no respondió aún a las preguntas sobre la legalidad de la vacuna.
