La instrucción judicial federal por la desaparición del empresario Diego Alfredo Aliaga (51) tendrá este martes, a 21 días de la última vez que lo vieron, uno de sus días más importantes porque la fiscalía definirá si levanta el secreto del sumario impuesto desde el mismo día de la denuncia.
La causa, que tiene cuatro imputados por secuestro extorsivo agravado por la participación de tres o más personas, ha sumado una serie de pruebas en los últimos días pero la defensa no ha podido conocer todos esos detalles y se desconoce qué estrategia implementará.
Fuentes judiciales señalaron que el fiscal Fernando Alcaraz tendrá la última palabra y podría llegar a solicitar una prórroga de 10 días hábiles para que el expediente continúe totalmente cerrado.
Mientras, los cuatro imputados fueron llevados a la cárcel el viernes, después de que declarara ante el fiscal la hermana de Aliaga.
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De esta forma, Diego Barrera, su pareja, Bibiana Sacolle, y sus hijos, Lucas y Gastón Curi, quedaron alojados en la cárcel federal de Cacheuta a la espera de que se resuelva su situación procesal, destacaron fuentes de la causa.
Para los investigadores judiciales, todos los imputados están complicados con la desaparición del ex despachante de aduanas. Pero Barrera aparece como quien más explicaciones deberá dar en la causa si decide declarar y contar su versión de los hechos.
Este hombre de 51 años fue quien vio por última vez a Aliaga, quien tenía algunos negocios con él.
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La reconstrucción sostiene que Barrera y Aliaga pasaron la noche del lunes 27 de julio y la madrugada del martes 28 juntos con dos mujeres en la casa de este último en el barrio privado Palmares de Godoy Cruz.
Barrera se retiró primero y por la mañana lo hizo Aliaga con una de las féminas. Manejaba una camioneta BMW X6 de un amigo y vecino.
Por la tarde, había pactado encontrase con Barrera en un inmueble de calle Bandera de los Andes de Rodeo de la Cruz, donde tenían pensado iniciar un viejo proyecto para tener una clínica de rehabilitación.
A partir de ese momento, todo se transformó en misterio. Como no le respondía los llamados, un hermano de Diego Aliaga, Gonzalo, decidió radicar una denuncia por averiguación de paradero.
Pero, mientras lo hacía, lo llamaron y le pidieron que juntara un millón de dólares. Se entendió que se estaba frente a un secuestro extorsivo y la Justicia federal se hizo cargo del caso. Sin embargo, nada se sabe del empresario.
