Impresionante la convocatoria de Vía Blanca y Carrusel. Doscientas veinte mil personas dice uno de los matutinos locales, pero yo creo que han sido más. Tuve la oportunidad de hablar con varios turistas y estaban impactados por el despliegue. Estuve en la Vía Blanca. ¿Cómo la vi? Fue un desfile de carros más. Seguimos con las falencias en la confección de los carros. No hay creatividad, no hay propuestas, faltan ideas enriquecedoras que hagan crecer el espectáculo. Algunos carros fueron lamentables, a tal punto que uno se preguntaba si no hubiese sido mejor dejar el acoplado pelado. Algunos parecían una falta de respeto a la belleza que transportaban. Se salvaron pocos, Maipú, Malargüe, San Carlos, Tunuyán, Junín, pero la mayoría careció de encanto y, menos mal que llevaban una reina arriba, si no, muy pocos lo hubieran mirado. Tenemos que crecer en esto. Cada carro debería ser un asombro, un pinchazo para la admiración. Créame que no hace falta mucho más de lo que se gasta: un buen diseño, discutido, criticado; un tiempo de armado y preparación y poco más. Parece que fueran hechos con displicencia: “Ah, cierto, che, Cachito, también tenemos que hacer el carro de la reina. Decile a los muchachos a ver si se les ocurre algo”. Cada municipio presenta su carro, tienen un año para prepararlo, tendrían que presentar algo digno, algo impactante. La Vía Blanca y el Carrusel ya tienen su convocatoria, exultante, démosle entonces lo mejor de nosotros en cada muestra móvil de los departamentos. Será una forma de hacer más trascendentes nuestra fiesta. Por lo demás, las niñas de las cortes se ocuparon de tirarle objetos a la gente, algunas peligrosamente, a mí me pegaron un melonazo en el estómago que me dejó sin respiración, anduve un tiempo a las boqueadas por la vereda que había elegido y encima tenía que sonreír. Todavía tengo sensaciones del melonazo en el estómago. Por suerte, a Mirtha esta vez la respetaron, porque estaba, y no solo la Mirtha, también engalanó la fiesta del sábado Ricardo Fort. No cualquier fiesta se da el tupé de tener a semejante personaje de la cultura nacional en el palco de honor. En fin, pasó una celebración más. Confiamos en que la del año que viene muestre una superación en los carros y que cada uno de ellos compita en creatividad e ingenio. ¿Será mucho pedir? No, de ninguna manera, estamos pidiendo algo muy posible. Sobran diseñadores en la provincia. Hace dos días ocurrió el Carrusel, ya es tiempo de pensar en el que viene.