Enero es el mes de los grandes calores y enero decidió mostrar todo su temperamento desde el primer día. ¡Qué lorca dijo García! Los que cruzaron con esta temperatura la plaza Independencia sacaban agua de las fuentes para tomar mates. Los árboles rogaban porque algún perro los beneficiase con su desahogo, y para los perros, la vida se hizo insufrible, porque, aparte de tener que soportar los cohetes, tuvieron que soportar ese exceso de temperatura debajo de la pelambre de perro que, en muy pocos casos, es pelambre para verano.

    Creo que el clima debería controlar un poco sus posibilidades, porque gasta energía al cohete. Una temperatura de 35 grados ya es suficiente para desanimar cualquier cuerpo humano. Hacer llegar la temperatura a 40 grados es un derroche de energía totalmente innecesario.

   Dicen algunos preocupados por los fenómenos meteorológicos que el clima de Mendoza es más benigno comparado con el de Buenos Aires o el del Litoral, porque es un clima seco. Miren señores sabedores. Con cuarenta grados de temperatura, a uno no le quedan ganas de apreciar si la calidad del calor es superior a la de otro lugar, a uno sólo le queda la terrible alternativa de sufrir, de ser víctima y de insultar en contra de eso que no modifica ningún insulto, al contrario, las protestas de todos hacen subir más las temperatura, como suele ocurrirle a los gobiernos. Hizo cuarenta grados en el comienzo del año. Nadie puede desconocer que enero está con nosotros.