Cuando arrancó su ciclo como gobernador en diciembre de 2015, Alfredo Cornejo ya corría con ventaja: con muy poco bastaba para mejorar la situación de la Mendoza que había dejado Francisco Pérez. El saldo del último mandatario del PJ había dado negativo en todas las áreas. A partir de ahí, el objetivo era estabilizar la provincia y darle un nuevo rumbo. Plantear un antes y un después. Y hacia ese lugar fue el último discurso en la Legislatura.
Fue un relato de campaña, claramente. La herencia recibida y la necesidad de continuidad de su gestión. Más o menos, por allí estuvo el quid de esta última presentación en la Casa de la Leyes.
Cornejo sabe que las encuestas muestran al Frente Cambiemos como potencial ganador. Sería una ingenuidad desconocer lo que muestran los actuales sondeos. Pero también sabe que la suerte puede cambiar de un momento a otro, más allá de que haya hecho lo posible por despegarse de la Casa Rosada para evitar el contrapeso de la imagen de Mauricio Macri. Entonces se puso al frente de la campaña.
Este rol activo a favor Rodolfo Suárez, el precandidato ungido por él, no arrancó este Primero de Mayo; surgió apenas se anunció que el intendente de Capital competiría para llegar a la primera magistratura. Y se potenció cuando el PJ decidió ir a las PASO.
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Cornejo arremetió contra el peronismo en su discurso. Lo hizo con sutilezas, en algunos pasajes, y de manera directa, en otros. Sabía que, primero, más allá de las repercusiones y de las declaraciones de la oposición, en ese momento la potestad de la palabra iba a ser exclusivamente de él. Nadie, por respeto, iba a salir a contradecirlo en medio de su alocución.
Marcó tres momentos: de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Esa trilogía lo posicionó en una zona de confort. Más allá de las falencias que pudo tener su gestión y de los temas que todavía están pendientes, la comparación con el pasado lo deja bien parado. Hizo hincapié en el orden y puso ejemplos claros para contrarrestar el descontrol que dice haber heredado con la eficiencia y eficacia de su gestión. Pero fue más allá: primero insinuó y después manifestó abiertamente que hace falta continuidad. Hasta la artística de la transmisión televisiva oficial lo tenía claro. Cornejo hablaba del futuro y la cámara lo tomaba a Rody Suárez. Un mensaje para nada subliminal.
A la hora de los palos al PJ, la imagen cambiaba. Y allí se los podía ver a Anabel Fernández Sagasti y a Alejandro Bermejo tragando saliva y conteniendo esas ganas intempestivas de salir a contestar o refutar. Básicamente, porque en ese punto, Mendoza es una isla institucional, y estas cuestiones aún se valoran. Habla el gobernador y el resto escucha.
