Uno puede pensar que para subir el Aconcagua sólo hay que chapar unas buenas zapatillas, una campera pesada, una mochila para poner el termo y el mate y darle para arriba. Nos asombraríamos de los requisitos que hay que cumplir para acceder al coloso de América, por no repetir frases hechas.

   Requisitos que tienen que ver con el físico, pero también con el equipamiento personal: zapatos y pantalones, guantes, camisetas y abrigos, pero también tienen que ver con la cobertura más grande, quiero decir, una carpa especial y la alimentación, el traslado, la adaptación en los campamentos base, por ejemplo, Plaza de Iglesias, perdón, Plaza de Mulas. Pero también tiene que ver con las exigencias que pone la gente de Recursos Naturales para acceder al cerro.

   No es como ir a la Peatonal. Créamelo, subir el Aconcagua implica un esfuerzo mucho más grande que subir el Aconcagua. Hay mucha gente yendo para ese lugar especial, ahora mismo, y muchos que en pocos días se instalarán a la espera de concretar su sueño: pisar la altura máxima de América.

  Varios de ellos son locales, muchos son los que llegan de países diversos. Plaza de Mulas es como una miniciudad donde se habla variados idiomas. ¿No será el Aconcagua una reencarnación de la famosa torre de Babel? Mientras tanto, la cumbre espera por aquellos que la venzan, pero cuidado, nada es fácil tratándose del Aconcagua, nada es fácil. Lo peor que puede hacerse con él es faltarle el respeto.