Diego Santilli le pidió públicamente a Victoria Villarruel que “dé un paso al costado” si no está de acuerdo con Javier Milei, y el Gobierno quedó en una posición incómoda: nadie salió a bancarlo en público, pero puertas adentro todos coincidían en que el jefe de Gabinete dijo lo que muchos piensan y no se animaban a decir en voz alta. La frase además arruinó la agenda del día, que había sido diseñada para hablar de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y de los anuncios de inversiones de Pampa Energía.
En Balcarce 50 reconocieron que el planteo no estuvo planeado. “No fue algo planeado, lo dijo porque se lo preguntaron”, admitieron. Sin embargo, aclararon que tampoco van a desautorizarlo, y deslizaron que Santilli tiene el respaldo tácito de Javier y Karina Milei. “Diego está en su rol de defender al presidente y Villarruel salió a dudar de su salud mental”, lo justificaron desde la Jefatura de Gabinete. Y fueron más lejos: “Lo antidemocrático es que la vicepresidenta conspire contra la investidura presidencial”.
El problema es que las palabras de Santilli tuvieron un costo no calculado: le regalaron a Villarruel algo que hasta ahora no tenía, el rol de víctima. La vicepresidenta, que ya venía posicionándose como referente opositora de cara a 2027, respondió sin nombrar a Santilli pero con destinatario inequívoco. “Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano”, escribió en X. Y le devolvió el lenguaje que Milei suele reservar para sus adversarios: “casta”, “parásitos”. “Sea democrático y respete el voto popular”, cerró.
Lejos de bajar el tono, ya entrada la noche Santilli redobló la apuesta: repitió su frase de la mañana y agregó “que arme su partido y compita”. En su entorno, la Santineta, algunos temen que el jefe de Gabinete se desperfile metiéndose en las formas más crudas de la política libertaria, aunque nadie lo frenó. El choque entre Santilli y Villarruel también tiene historia: en el acto del 9 de julio en Tucumán, una cámara lo captó en un gesto que pareció un rechazo deliberado a saludarla, aunque su entorno lo negó.
Con información de Infobae.
