El mercado del vino es un negocio enorme, equivalente al de la cosmética y perfumería mundial. Anualmente se producen más de dos mil trescientos millones de cajas (sin contar los espumosos).
El noventa y cinco por ciento de la producción corresponde a botellas con un precio inferior a diez dólares. Dentro del cinco por ciento restante se encuentran los llamados vinos premium, de alta calidad y elevados costes de elaboración, apunta a Efe el presidente-director general de Estates &Wines, división de vinos de Meet Hennessy España, Xavier Ybargüengoitia.
Esta colección recorre los cinco continentes a través de los sabores de sus distintos vinos, una selección en la que se encuentra un reputado vino blanco neozelandés, el Cloud Bay Sauvignon Blanc del 2008, dos tintos de Toro (zona de Zamora, norte de España) –el Numanthia y el Thermanthia– y dos argentinos –Cheval des Andes 2003 y Terrazas Selection Malbec 2007–, entre otros.

excelencia encerrada en una botella. Destinados a un consumo más exclusivo, los vinos premium oscilan entre los quince y los más de cien dólares y forman parte de un segmento del mercado extraordinariamente fragmentado.
Para lograr esa excelencia buscada y encerrarla en botellas de setenta y cinco centilitros ha de encontrarse el viñedo adecuado, situado en un lugar en el planeta con características muy peculiares que hagan del sabor de ese caldo algo único.
“Son pequeños milagros, microclimas en los que se debe cumplir una regla básica: mantener una diferencia de temperatura entre el día y la noche de veinte grados centígrados, que hacen que la maduración de la uva sea más lenta y, por tanto, esté más cuidada”, apunta Xavier Ybargüengoitia.
A esa excepción climática se le debe añadir un factor extra, que en unos casos vendrá dado por la influencia del mar y en otros por la altura en la que están situadas las tierras.
La provincia de Mendoza, pegada a la cordillera de los Andes, tiene la altitud ideal para elaborar vinos.?De hecho, es donde se genera el setenta por ciento de la producción del país. De ahí que la zona reúna las cualidades para convertirse en germen de vinos premium, aislada también de la influencia del Pacífico.
Terrazas de los Andes cultiva los distintos tipos de vino a alturas diferentes, con las cuales asegurarse la temperatura necesaria en cada uno de ellos. El Terrazas Selection Malbec 2007, de color violáceo profundo, cuenta con un inconfundible aroma frutal a cereza negra y mora con toques de canela y vainilla, tras doce meses de crianza en barrica.
Es perfecto compañero de carnes a las brasas, estofados, cordero al horno y quesos no muy intensos.
“La clave para que Argentina se haya convertido en el mercado que más crece en el segmento de vinos premium está en el trabajo bien hecho”, apunta a Efe el enólogo jefe de Terrazas de los Andes, Gustavo Sánchez.
“En la década de los noventa, empresas estadounidenses y francesas empezaron a invertir en las bodegas argentinas, se modernizaron las técnicas de producción y tanto el Gobierno como las universidades y las empresas del país se involucraron en ello”, recuerda.
Un paso más allá va el Don Melchor Reserve Cabernet Sauvignon 2005. La cepa francesa cabernet sauvignon –considerada la reina del tinto– que se cultiva en el chileno Valle del Maipo logra uno de los caldos más valorados en la categoría súper premium en revistas especializadas como The Wine Advocate o The Wine Spectator.
Lo que hace diferente al Newton Unfiltered Merlot 2005 es, como indica su nombre, el hecho de que el proceso de elaboración no incluye filtrado y su uva cuenta de forma natural con una exposición al sol controlada. Procedente de Napa Valley, en California (EEUU), es un destacado representante del mejor producto de la zona.
Tal y como ocurre en la cinta Sideways (2004), la enóloga jefa de Newton Vineyard, Ellen Flora, nos recomienda una ruta por la costa del suroeste de Estados Unidos que recorre la región de Santa Helena y que pasa por Silver Oak y Spring Mountain.
“La crisis no afecta a los vinos premium porque, a diferencia de los de los grandes chateaux, su precio siempre tiene un techo y no es especulativo, como el de los caldos de lujo extremo, que bien pueden llegar a valer miles de dólares, explica el presidente-director general de Estates &Wines.
Además, constituyen un producto “que establece un vínculo emocional con el consumidor”, apunta el enólogo español Manuel Louzada.