El cometa 3I/ATLAS avanza por el Sistema Solar a unos 200.000 kilómetros por hora, tras alcanzar este miércoles su punto más cercano al Sol. Se trata de un visitante interestelar —proveniente de otra estrella— que intriga a los astrónomos por su comportamiento anómalo y por los materiales desconocidos que lo componen.
Descubierto en julio por el telescopio ATLAS instalado en Chile, este cuerpo de unos 20 kilómetros de diámetro mostró un fenómeno inusual: una anti-cola, una corriente de gas y polvo orientada hacia el Sol en lugar de alejarse, algo nunca antes observado. Su trayectoria hiperbólica confirma que no volverá: tras cruzar el cielo terrestre hasta diciembre, se perderá para siempre en el espacio profundo.
El astrofísico Avi Loeb, de Harvard, llegó a plantear que podría tratarse de un objeto de origen artificial, una hipótesis que reavivó el debate sobre la posibilidad de tecnología no humana. Sin embargo, la mayoría de los especialistas sostiene que 3I/ATLAS es un cometa natural, aunque con una estructura y composición fuera de todo registro previo.
Las observaciones realizadas desde Chile, España y Estados Unidos detectaron dióxido de carbono, agua, cianuro y una aleación metálica desconocida, además de emisiones térmicas que indicarían un posible calentamiento interno. Estos rasgos hacen del 3I/ATLAS una auténtica cápsula del tiempo cósmica, posiblemente formada hace 10.000 millones de años, mucho antes que el Sistema Solar.
Mientras continúa su viaje, misiones espaciales de la Agencia Espacial Europea y la NASA siguen su recorrido para obtener datos sobre su composición y evolución. Aunque no representa peligro alguno, su paso recuerda que el universo aún guarda misterios capaces de desafiar todo lo que creemos conocer.
