La guerra entre Israel e Irán se profundiza cada día más, con ataques cruzados que dejaron un saldo de víctimas civiles, daños estructurales y una creciente incertidumbre sobre el futuro de Medio Oriente.
En apenas 72 horas, el conflicto escaló con la confirmación de más de 350 misiles lanzados por Irán hacia territorio israelí, una contraofensiva aérea sin precedentes sobre bases militares e instalaciones nucleares en suelo iraní, y la advertencia de Tel Aviv de que continuará su operación hasta dejar inoperables todos los centros nucleares del régimen de los ayatolás.
Desde el sábado por la madrugada, Irán lanzó un ataque coordinado contra centros urbanos de Israel como Jerusalén, Tel Aviv y Haifa. A pesar de que el sistema de defensa aérea israelí interceptó una parte importante de los proyectiles, varios misiles impactaron en zonas residenciales, dejando víctimas mortales y decenas de heridos. Equipos de emergencia trabajan contra reloj en la búsqueda de sobrevivientes bajo los escombros en ciudades afectadas, mientras las alertas antiaéreas continúan sonando en diferentes puntos del país.
En respuesta, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo una operación aérea masiva contra más de 100 objetivos en el centro de Irán, en especial en la estratégica región de Isfahán. El ataque, ejecutado por unos 50 aviones de combate, logró destruir más de 120 lanzadores de misiles y un tercio del arsenal balístico operativo iraní, según estimaciones del gobierno de Benjamín Netanyahu.
Según el Ministerio de Salud iraní, los ataques han dejado al menos 224 muertos y más de mil heridos en Irán desde el viernes, mientras que Israel reporta 24 fallecidos en el mismo período.
Uno de los blancos principales fueron centros de mando de la Guardia Revolucionaria y de la Fuerza Quds, brazo de operaciones exteriores del régimen iraní. En este contexto, murieron varios altos mandos de inteligencia, entre ellos Mohammad Kazemi y su adjunto Mohammad Hassan Mahdavi, ambos figuras clave en el aparato de seguridad de Teherán.
La eliminación de estos líderes se suma a una ofensiva previa en la capital iraní, que alcanzó a miembros del Departamento de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Este golpe, considerado “quirúrgico” por fuentes israelíes, busca desmantelar la red operativa que sostiene a milicias como Hezbollah, Hamas y los hutíes.
Pero el foco principal de Israel está puesto en el programa nuclear de Irán. En los últimos tres días, la aviación israelí incrementó sus ataques sobre las instalaciones de Natanz y Fordow, claves en el enriquecimiento de uranio.
En este punto, las diferencias con Estados Unidos se hicieron evidentes. Aunque el Pentágono proporciona inteligencia y asistencia logística —como reabastecimiento aéreo para los vuelos de largo alcance de la Fuerza Aérea israelí—, la Casa Blanca se niega a suministrar bombas “anti-bunker” de 13 toneladas, necesarias para desactivar por completo las instalaciones subterráneas.
Esta negativa generó tensiones entre el primer ministro Netanyahu y el presidente Donald Trump. Según trascendió, el mandatario estadounidense rechazó el pedido de Israel de involucrarse directamente en la ofensiva, argumentando que eso convertiría a sus tropas en blancos de Irán y sus aliados regionales.
Como alternativa, Netanyahu habría planteado una estrategia de alto impacto: el asesinato del líder supremo de Irán, Ali Khamenei. La propuesta fue rechazada por Trump, quien alertó sobre las consecuencias regionales que podría desencadenar una acción de ese calibre, incluyendo la necesidad de una respuesta militar directa de Washington.
Pese a estas diferencias, Israel dejó en claro que continuará su hoja de ruta. Desde el gobierno insisten en que el objetivo no es una confrontación prolongada, sino impedir que Irán adquiera la capacidad de fabricar armas nucleares, algo que consideran una amenaza existencial.
En ese sentido, después de días de ataques a las defensas antiaéreas y sistemas de misiles iraníes, el Ejército israelí dijo que sus aviones ahora controlan los cielos desde el oeste de Irán hasta Teherán y habían destruido más de 120 lanzadores de misiles tierra-tierra que habían estado disparando a Israel en misiones nocturnas.
“Ahora podemos decir que hemos logrado plena supremacía aérea en el espacio aéreo de Teherán”, dijo Effie Defrin, general de brigada y portavoz militar
La situación mantiene en vilo a toda la región. Mientras Irán sigue lanzando misiles desde su territorio, también se teme por la activación de sus aliados en Siria, el Líbano y Yemen. En particular, Hezbollah incrementó su retórica y movimientos en la frontera con Israel.
