El presidente de Bolivia, Evo Morales, y los opositores autonomistas comenzaron una sesión plenaria para tratar de cerrar anoche mismo un acuerdo para superar la profunda crisis que vive el país. Tras su viaje a Estados Unidos para intervenir en la Asamblea General de Naciones Unidas, Morales volvió a encabezar, en la ciudad de Cochabamba (centro del país), el “diálogo nacional” abierto hace una semana entre el Gobierno y la oposición, con varios organismos internacionales como testigos.
A pesar de las siete jornadas de negociación política y trabajo técnico, hasta ayer no se habían alcanzado acuerdos en los dos temas centrales del proceso de diálogo: la compatibilidad de las autonomías con el proyecto constitucional de Morales y el reparto territorial de los ingresos petroleros. En el caso de la nueva Constitución, el Gobierno de Bolivia advirtió ayer que no corregirá del nuevo texto más que la parte relativa a las autonomías, sin tocar otros temas, como pretendía la oposición.
El vicepresidente del Gobierno, Álvaro García Linera, calificó ayer de “chacota” que los prefectos pretendieran revisar otros temas del texto aprobado por la Asamblea Constituyente cuando estas autoridades carecen de la prerrogativa para hacerlo. “No se puede ganar en una mesa de diálogo lo que se perdió delante del pueblo mediante el voto”, señaló el vicepresidente, en alusión a la mínima cuota de representantes que obtuvieron los opositores regionales en la Asamblea Constituyente. Sobre el otro asunto central del debate, el reparto de las rentas petroleras, las posturas continúan alejadas, a pesar de los avances técnicos que se anunciaron la semana pasada.
