Moscú (dpa). El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, abrieron ayer un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales, tras acordar reducir las cabezas nucleares de cara al próximo acuerdo que sucederá al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START).
La Casa Blanca señaló en la capital rusa que, según el acuerdo vigente, las partes podían tener hasta 2.200 cabezas nucleares. Ahora, ambas partes aspiran a reducir estas armas a entre 1.500 y 1.675 unidades. Además, podrían disponer de 1.600 portamisiles, una cifra que se reducirá en 500 unidades, hasta los 1.100.
Rusia y Estados Unidos acordaron reforzar la cooperación para impedir la propagación de las armas nucleares y potenciales ataques terroristas con armas atómicas.
El experto en desarme de la Casa Blanca, Gary Samoré, dijo en Moscú que Estados Unidos y sus aliados aumentarán su sistema de defensa antimisiles en Europa en vista de la creciente amenaza nuclear iraní.
Samoré destacó que si bien en las negociaciones para el desarme con Rusia se discutirá acerca de sistemas de ataque y defensa en forma conjunta, esto no significa que Estados Unidos vaya a renunciar al nuevo sistema antimisiles.
El experto en Rusia de Obama, Michael McFaul, dijo que el presidente estadounidense parte de la base –tras las conversaciones “muy fructíferas” con su colega Dmitri Medvédev– de que Moscú podrá ser convencido de la necesidad de un sistema antimisiles reforzado.
Samoré advirtió que en caso de que Rusia asocie un cierre exitoso de las negociaciones sobre más desarme nuclear con el pedido de una renuncia al sistema antimisiles estadounidense en Europa, no habrá acuerdo para suceder al START.
“Nuestros países quieren una cooperación que se corresponda con el siglo XXI”, dijo el jefe del Kremlin durante la rueda de prensa conjunta con su homólogo estadounidense, quien, al inicio del encuentro, había destacado los puntos en común con Rusia: “Tenemos más (cosas) que nos unen, que las que nos separan”.
Aunque persisten las diferencias en varios temas, los acuerdos alcanzados en la primera visita de Obama a Rusia ponen en evidencia una nueva etapa en las relaciones entre ambas potencias, lastradas por el conflicto de Georgia, la ampliación de la OTAN, el escudo antimisiles o la situación de los derechos humanos.
Obama aprovechó la ocasión para anunciar que convocará para el año que viene la celebración en su país de una cumbre mundial nuclear.