Joaquín Archivaldo Guzman Loera, el narcotraficante conocido como el “Chapo”, es el preso 3.912 de la cárcel de la Ciudad de Juárez. Sentado con un psicólogo, el especialista le pidió que recuerde y habló de su infancia.
Su padre murió de un infarto y su madre, de 88 años, aún sigue viva y siempre defendió a su hijo, incluso cuando fue acusado de los peores crímenes. Los informes psicológicos del líder del cartel de Sinaloa lo muestra como un ser abatido e inseguro.
El informe muestra que sufre un trastorno de ansiedad generalizado. “Nunca había tomado medicamentos y ahora tomo muchos. Eso me está haciendo mal. Si esto sigue así, creo que para diciembre no voy a estar bien”, dijo el Chapo durante la entrevista psicológica.
El núcleo de su confesión son sus problemas mentales. Sufre cefaleas, náuseas, estrés, insomnio. Los medicamentos le sirven “para controlar”, pero en su cabeza se agolpan “muchas cosas pasadas, pero no las recientes”. “Me siento mal del cerebro, se me están olvidando las cosas, no me acuerdo de la toalla para ir al baño”, afirmó.
Además relató que la abuela tenía ganado y ordeñaba; él desgranaba las mazorcas para dar de comer a las gallinas. El cuadro es casi idílico, pero pronto se oscurece. La abuela tenía una vara para golpear a los animales. “Me mandaba a por una vaca y si no la traía, con una baqueta para las vacas me daba; me decía hínquese ahí y había que hincarse, si no me iba peor”. Esa fue su época más feliz. Lo que vino después pertenece a la historia más negra de México.
En su relato ante el psicólogo, El Chapo rechazó analizar su conducta y citó la fábula de la zorra y el cuervo como motivo de su silencio. Habló también de sus tres esposas (Alejandrina, Griselda y Emma), de sus 10 hijos reconocidos y de los otros vástagos fruto de “amigas circunstanciales” a las que, insiste El Chapo, manda dinero para su manutención. Pero no mencionó, o al menos no consta, su amistad con el terrible Héctor Salazar Palma, El Güero Palma, ni sus inicios a las órdenes de su maestro, ex policía Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino, líder del cártel de Guadalajara. Nada de eso recuerda.
Fuente: El País
