Angela Rayner, viceprimera ministra del Reino Unido y referente del ala izquierda laborista, presentó este viernes su renuncia tras confirmarse que pagó menos impuestos de los que correspondían en la compra de un departamento en la localidad costera de Hove, al sur de Inglaterra.

La investigación del consejero independiente de estándares ministeriales, Laurie Magnus, determinó que Rayner incumplió el código ético del Gobierno. Aunque el informe señala que la dirigente actuó “de buena fe”, también remarca que no cumplió “con los estándares más altos del cargo público”.

La confirmación de su salida llegó minutos después de que el primer ministro Keir Starmer recibiera el informe. El golpe es duro: Rayner era su número dos tanto en el Ejecutivo como en el Partido Laborista, además de una figura clave por su popularidad, sus raíces de clase trabajadora y su defensa de políticas redistributivas.

En su carta de renuncia, Rayner asumió “toda la responsabilidad” por el error. “Nunca tuve otra intención que pagar la cantidad correcta. Servir en el Gobierno ha sido el honor de mi vida”, escribió.

También recordó su historia personal: madre a los 16 años, criada en una vivienda social en las afueras de Manchester, se convirtió en una de las voces más representativas de la izquierda laborista.

El caso impositivo es complejo. Rayner había vendido su parte de la casa familiar en Ashton, que quedó en un fondo a nombre de su hijo de 17 años con discapacidad. Al comprar el departamento en Hove, pagó el impuesto de transmisión patrimonial estándar, pero debía haber abonado un adicional como si fuera una segunda vivienda. El detalle, según explicó, surgió ahora tras consultar con asesores legales.

El escándalo se suma a un escenario delicado para el Gobierno laborista: apenas 14 meses después de ganar las elecciones, su popularidad cae en las encuestas mientras crece la extrema derecha de Nigel Farage, en gran medida gracias al desplome del Partido Conservador.

Starmer deberá nombrar un reemplazo inmediato en el Gabinete, y el Partido Laborista abrirá un proceso interno para elegir a la nueva número dos de la formación.