Luego de un debate intenso que hizo aflorar las tensiones en uno de los poderes del Estado, la Suprema Corte de Justicia comenzó a trabajar con el nuevo esquema de funcionamiento, que incluye el sorteo de los ministros para conformar salas que resuelvan las demandas que llegan al tribunal. Fue un proceso arduo, al borde de la crisis institucional, que se resolvió finalmente en el ámbito donde las discrepancias tienen que dar lugar a un proyecto posible y superador, como es la Legislatura. Ahora quedará en manos del cuerpo colegiado demostrar la distancia suficiente del poder de turno para fallar con equidad. En tanto, se avanzó en una forma de funcionamiento que deja de lado el vicio del llamado forum shopping o la maña de elegir el tribunal más conveniente para beneficio propio.
Claramente, no se han resuelto todos los problemas que pueden encontrarse en los tribunales provinciales. Quedan algunas demandas que deberán atenderse con el tiempo, y también con recursos, para mejorar el servicio de justicia.
Siempre es un desafío la modernización de los canales de atención, transparencia y accesibilidad para cualquier ciudadano. No se trata de una instancia cualquiera, sino de aquella en la que caen para su decisión los principales dramas de una sociedad, como los crímenes, los robos, las estafas y, también, las separaciones, los reclamos por manutención, los accidentes y las demandas administrativas, entre tantos conflictos que a diario se plantean. Por lo pronto, reformas como estas solo pueden recordar que la Justicia hace también a la mayor o menor desigualdad en una sociedad si los ciudadanos no pueden acceder a ella.
