El audio del turista venezolano llamando al 911 horas antes de morir remite, inevitablemente, a otro escándalo y tragedia que sacudió a Mendoza: el caso de Florencia Romano, cuya vida se pudo haber salvado.

En aquel entonces, un vecino alertó a las autoridades por las agresiones que estaba sufriendo la adolescente, pero la operadora del CEO que atendió le cortó a los pocos segundos sin ninguna consideración por la emergencia que le estaban comunicando.

A pesar del repudio que generó ese acto, se ve que poco ha cambiado. Si bien esta vez la responsabilidad parece recaer en el radioperador del SEC que atendió a Rodolfo Valentino González Tovar el domingo 9, repitió conductas similares: una comunicación con total falta de empatía, respuestas absurdas y un fin de llamada que no contempló la emergencia que se vivía del otro lado.

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Más grave aún: decidió realizar un diagnóstico a base de lo que Tovar le estaba relatando y comenzó a restarle importancia a la situación sin ser personal médico.

Para la Inspección General de Seguridad, el problema no es de la policía: la operadora del CEO derivó el llamado al Servicio de Emergencias Coordinado (SEC).

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Para el Ministerio de Salud, que entonces sería el órgano que debe responder, la prioridad es guardar silencio. Nadie quiere otro escándalo como el de Florencia Romano.

Pero, al parecer, nada se hizo para trasladar esa preocupación en pos de mejores protocolos y capacitaciones para quienes deberían ayudar a salvar vidas.