Hace más de veinte años y, previo a la debacle del 2001, un libro puso en discusión la “tragedia” educativa que se vivía en las escuelas, con referencia a las causas por las que los estudiantes argentinos no aprendían en las aulas.
En fin, las crisis nunca se agotaron en este país y cada una repercutió profundamente en la educación. Por eso, vale la pena reconocer las estadísticas que se están dando
respecto de los niveles de aprendizaje.
Lo puso en perspectiva una funcionaria del Banco Mundial, quien vino a Mendoza para un congreso, al señalar que los gobiernos escolares han llevado adelante políticas para atacar los atrasos en la alfabetización, además de las herramientas para medir en qué estado se encuentra un niño cuando lee un texto y trata de comprenderlo. Mendoza, al parecer, está un escalón por arriba del promedio latinoamericano y esto hay que mantenerlo, consolidarlo y profundizarlo.
Es cierto que en las escuelas locales siguen existiendo numerosos problemas y que no todo está resuelto, pero hay un camino marcado que, si no fuera por las mezquindades políticas y la falta de visión en el tiempo, debería ser una de las políticas de Estado.
Sólo basta señalar que, en los últimos años, ha sido una lucha mantener las escuelas abiertas en medio de la pandemia y que no ha sido la única batalla cultural por delante.
