Definitivamente, somos los dueños de nuestro destino. La crisis hídrica que atraviesa hace años Mendoza tiene su explicación climatológica, pero también está relacionada con la irresponsabilidad con que se consume aquí.
Recordar que la provincia es un oasis en el desierto es casi una cuestión pintoresca, y no se cobra la real dimensión de esta afirmación. De lo contrario, no existiría el nivel de derroche que se ve a diario.
A eso se agrega la desaprensión a nivel social a la hora de concientizar sobre la necesidad de crear un hábitat más limpio. Las toneladas de basura que se sacan de los cauces no es más que el reflejo de lo que somos como sociedad. Tenemos poca agua y, encima, no nos preocupamos por cuidarla. Y all, no hay ninguna excusa que valga.
