La Provincia ha encarado una ambiciosa reforma en el sector de la salud pública. Se trata de uno de los ámbitos en el Estado que, tras la pandemia, ha acusado de mayor manera la devaluación y la inflación. Por lo primero, porque una buena parte de los insumos sanitarios tienen como referencia el valor dólar. Respecto a lo segundo, el encarecimiento de los planes de cobertura privada, que han provocado una estampida hacia las salas administradas por el Estado. La reforma, entonces, ya tiene un escollo difícil: la presión que impone la realidad.
No son tiempos fáciles para quienes se desempeñan en los hospitales, centros de salud y organismos vinculados a esta área que tiene una misión sensible, y que se refuerza en tiempos de crisis. Es probable que esta reforma, que tiene 26 proyectos de ley que deben pasar por el filtro de la Legislatura, encenderá la discusión. Por empezar, hay un apartado que declara la emergencia, un instrumento al que apelan las gestiones -ocurrió durante la pandemia- y que permite acceder a los recursos de manera directa, sin licitación. El tema pasa por el control de esos recursos. El Gobierno tendrá que justificar por qué requiere de esta herramienta.
Luego hay otras cuestiones, que ya presentan resistencias y propician el debate, como la formación del personal en las residencias médicas, que impulsa acortar la formación manteniendo el nivel de calidad, o la reasignación de los trabajadores.
Por fuera de todas las discusiones que se abrirán, porque el abanico es amplio, es necesario que esta reforma permita ordenar el complejo sistema de la salud. El espíritu de estas reformas debe apuntar no sólo a dotar de eficiencia al Estado en este sector, sino también a contener a los trabajadores, que han encontrado mejores destinos en otras provincias o países vecinos, con la consecuente pérdida de un profesional que ha sido formado con recursos de los mendocinos.
Pero, sobre todo, lo esencial que pide todo paciente cuando acude a un hospital público: que las prestaciones sean mejoradas, que sean ágiles los sistemas de turnos y atención y que no falten los elementos básicos para la asistencia médica.
