Humberto José Suárez y Rodolfo Mora.

Humberto José Suárez Loria tiene 43 años y una historia delictiva que comenzó hace más de dos décadas. En ese recorrido aparecen robos agravados, tentativas, armas, una condena federal por estupefacientes, varias temporadas detrás de las rejas y la condición de reincidente. También se le destacan libertades condicionales y asistidas que, con el paso del tiempo, volvieron a llevarlo a la calle.

En los últimos días, “Tito”, como lo llaman quienes lo conocen, volvió a estar en el centro de una investigación por un episodio que tiene un desenlace tan inesperado como brutal: durante un asalto ocurrido después de las 20 el 24 de setiembre en Guaymallén, efectuó un disparo con una pistola calibre 380 contra un comerciante y el proyectil, después de atravesar el cuerpo de la víctima, terminó impactando en su propio compañero de banda, Rodolfo Miguel “Pato” Mora Aguiar (58).

Mora murió minutos después. Y, de acuerdo con la nueva teoría que reconstruye la fiscal de Homicidios Andrea Cecilia Lazo, no era el blanco del ataque. Había ido junto con Suárez Loria y otros integrantes de la banda a cometer un asalto y terminó muriendo por el plomo que salió del arma accionada por uno de sus propios compañeros. Después, el grupo abandonó su cuerpo en Maipú.

El caso policial es impactante. Y el desenlace, mayor. Ese episodio puso nuevamente bajo la lupa a Suárez Loria, capturado este lunes por la mañana, pero su historia con el delito comenzó mucho antes, según la información a la que accedió El Sol.

El auto utilizado por la gavilla, captado por cámaras de seguridad en Maipú.

El primer tramo de una carrera delictiva

Los primeros registros que aparecen en su historial se remontan al año 2000. Por entonces, Suárez Loria ya había quedado involucrado en una causa por robo agravado. Al año siguiente se acumularon nuevos expedientes. Aparecen un hurto calificado, robos agravados en grado de tentativa y una causa por abuso de armas.

El 20 de noviembre del 2003, la Quinta Cámara del Crimen lo condenó a seis años de prisión por distintos hechos, entre ellos un robo agravado y tentativas de robo agravado. Pasó entonces a cumplir una pena efectiva y, en abril del 2006, obtuvo la libertad condicional. Pero la salida de la prisión no significó el final de sus problemas con la Justicia.

Ese mismo año volvió a quedar involucrado en una causa por hurto en grado de tentativa. En diciembre recibió un nuevo fallo en su contra, de dos meses de prisión efectiva, que terminó unificada con la anterior en una pena única de siete años. El cumplimiento estaba previsto para febrero del 2009.

Durante ese período estuvo alojado en el Complejo Almafuerte y, en septiembre del 2008, volvió a acceder a un beneficio: la libertad asistida. Otra vez, la salida duró poco.

En octubre de ese año se le dictó su prisión preventiva por un robo agravado cometido en poblado y en banda. En marzo del año posterior volvió a quedar con prisión preventiva, esta vez por otra tentativa de robo agravado. En septiembre llegó una nueva condena: dos años de prisión efectiva.

La pena fue posteriormente unificada con las anteriores y quedó establecida en nueve años, con vencimiento en junio del 2011. En ese tramo de su historial ya aparecía una característica que volvería a repetirse: Suárez Loria era declarado reincidente.

Meses después ingresó nuevamente al sistema penitenciario, esta vez a disposición del Juzgado Federal Nº 1. El expediente estaba relacionado con la Ley de Estupefacientes 23.737 y, en agosto, se dictó su prisión preventiva por una investigación vinculada con el transporte de estupefacientes. El caso terminó en una nueva condena.

En abril del 2013, el Tribunal Oral Federal Nº 2 le impuso cuatro años y dos meses de prisión efectiva por tenencia de drogas con fines de comercialización. Durante ese período pasó por Boulogne Sur Mer y Almafuerte. En junio del 2015 obtuvo la libertad asistida. Otra vez estaba en la calle. Y nuevamente volvería a prisión.

El último antecedente antes de quedar preso

En diciembre del citado año, apenas unos meses después de recuperar la libertad asistida, Suárez Loria volvió a caer preso.

La causa se tramitó en el ámbito de Luján-Maipú y tenía como eje un hecho que incluía un robo agravado por el uso de un arma de fuego apta para el disparo, otro robo agravado por haber sido cometido en poblado y en banda y una violación de domicilio.

El 6 de julio del 2016, la Segunda Cámara del Crimen lo condenó a seis años de prisión efectiva. La sentencia volvió a declararlo reincidente.

La pena que tenía se cumplía el 11 de octubre de 2022. Durante esos años volvió a pasar por Boulogne Sur Mer de Capital y Cacheuta, con distintos traslados dentro del sistema penitenciario. Pero tampoco llegó hasta el último día de la condena.

El 4 de mayo, cinco meses antes del vencimiento formal, el Juzgado Penal Colegiado Nº 2 le concedió la libertad asistida a través de la Unidad de Control de la Privación de la Libertad. Era la última salida que figura en el historial aportado.

El disparo que terminó con Pato Mora

La historia del Tito Suárez Loria se profundizó en los últimos días, tras la muerte de Mora. El caso comenzó a girar alrededor de un disparo durante un asalto.

La causa de la muerte del Pato comenzó con una hipótesis diferente. El hallazgo del cadáver en un callejón de Maipú llevó inicialmente a pensar en un homicidio planificado y puso bajo la lupa a personas del entorno de la víctima.

Pero el trabajo de la División Homicidios y la fiscal Lazo permitió reconstruir una secuencia diferente. Unieron dos escenas que inicialmente parecían no tener relación: un asalto en Guaymallén y el hallazgo del cuerpo de Mora, minutos después, en Maipú.

La hipótesis que ahora sostiene la pesquisa indica que Mora, Suárez Loria y otros integrantes de la banda habían llegado hasta un domicilio de calle Bandera de los Andes con la intención de asaltar a un comerciante de 33 años. Durante el ataque, “Tito” disparó con una pistola.

El proyectil impactó en el cuerpo de la víctima a quien buscaban robarle dinero en efectivo, la atravesó y continuó su trayectoria hasta alcanzar a Mora. El disparo que buscaba intimidar o herir al objetivo del asalto terminó convirtiéndose en un tiro mortal para uno de los propios integrantes de la gavilla.

Mora quedó gravemente herido. Caminó tambaleante hasta el auto en el que se movilizaban, conducido por una mujer identificada como Solange del Carmen Muñoz, y escapó. Y entonces comenzó la segunda parte de la secuencia.

El momento en que la banda descartó el cuerpo de Mora luego del deceso.

El cuerpo abandonado

En lugar de pedir ayuda, los integrantes del grupo, lo completaba Leonardo Adrián Aguiar, cargaron a Mora en un Fiat Idea azul y emprendieron la fuga. El vehículo fue seguido mediante cámaras de seguridad y los investigadores pudieron reconstruir parte de su recorrido.

Solange del Carmen Muñoz, Leonardo Aguiar y su primo, Rodolfo “Pato” Mora, quien recibió el plomo letal.

Mora todavía estaba herido mientras era trasladado. El trayecto murió y terminó en un callejón de Maipú. Allí dejaron abandonado su cuerpo y escaparon. Hubo llamados al 911 y personal policial llegó hasta la escena. Una médica confirmó posteriormente que había muerto.

Lo que para los detectives inicialmente podía parecer un homicidio cometido por personas del entorno de Mora terminó tomando otra forma: el hombre había participado del asalto y murió accidentalmente durante el ataque, alcanzado por el mismo proyectil que había atravesado previamente al comerciante.

En esa reconstrucción, el papel de Suárez Loria adquirió una importancia central. No porque la causa sostenga que haya tenido la intención de matar a Mora, sino porque lo señala como el hombre que efectuó el disparo que terminó provocando su muerte.