La traumática experiencia que vivieron miles de mendocinos que cruzaron la cordillera de Los Andes este fin de semana extralargo obliga a las autoridades de ambos países a recapacitar. El innecesario maltrato del embajador Jorge Faurie a funcionarios trasandinos derivó en una insólita “venganza” de los representantes chilenos, que decidieron no trabajar a full en su aduana, como correspondía en una fecha clave, con una multitud de personas y vehículos transitando por alta montaña.

Si bien Faurie niega sus excesos y los representantes chilenos también descartarán que se haya tratado de una revancha, los hechos hablan por sí solos. Peleas y discusiones entre automovilistas, largas filas de vehículos y extensas esperas que superaron en algunos casos las nueve horas convirtieron un viaje de placer, descanso y compras en un dolor de cabeza.

Por ese motivo es clave que los gobiernos de la Argentina y de Chile dejen de lado sus diferencias y trabajen en beneficio de la gente y del comercio bilateral. Porque se viene una etapa históricamente compleja en el Sistema Integrado Cristo Redentor, como el invierno.

El año pasado el paso internacional estuvo cerrado aproximadamente 60 días, no sólo por cuestiones climáticas. En ese momento, los principales damnificados fueron los camioneros que quedaron varados en alta montaña. Y si las autoridades de ambos países siguen inmersas en una discusión estéril, el futuro cercano pinta aún más complejo.