Desde hace más de diez días, las rutas y los paradores mendocinos colapsan de camiones que esperan cruzar el paso a Chile como parte del comercio internacional entre ambas naciones. No es la primera vez que, durante la pandemia, el vecino país hace más rigurosos los controles de frontera, pero llama la atención que se provoque una demora tal que no contribuye a la fluidez lograda a pesar del virus.

Con todo, también es sorprendente que el Ministerio de Relaciones Exteriores no tome con más decisión la negociación que paraliza no sólo a conductores argentinos en este lado de la cordillera, sino también a choferes que proceden de Paraguay y Brasil, con productos que tienen como destino el puerto del Pacífico. En algunos casos, los requisitos que exigen los trasandinos han hecho que se venzan las pruebas que suelen exigírseles a los profesionales del volante para transitar
por sus rutas, como el PCR, debido a las demoras que han convertido el paso internacional en un embudo.

El transporte entre Chile y Argentina es una de las cuestiones esenciales que nunca se detuvo a pesar de la pandemia. Por ello, el Gobierno nacional debería insistir ante sus pares chilenos para que se reactive con más celeridad, principalmente, en los puestos de testeos. Y, en el caso de lo que le toca a Mendoza, proveer la infraestructura necesaria si aquellos que dan positivo tienen que quedarse aislados en nuestro territorio.