No hay dudas de que los procesos de transformación se hicieron más profundos a partir de la pandemia. Aunque ahora parece una naturalidad, previo a esto, hasta parecía una rareza pagar una compra con el celular, tener videoconferencias o clases virtuales, entre otros aspectos que, si bien ya estaban, ahora son más decisivos en la economía, la educación y el trabajo.

Y para todo eso necesitamos contar con tecnología. Sin embargo, una reciente medida del Gobierno nacional agrava la compra de notebooks o computadoras de escritorio.

Apuntó a subir el impuesto que afecta a productos informáticos de 8 a 16%. Esto impactará definitivamente en los usuarios y atrasará aún más las chances de incorporarse a un mundo que exige cada vez más conocimientos de tecnología, así como también de conectividad.

El problema es más grave, puesto que la falta de dólares produce que la oferta de productos sea paupérrima en materia de marcas diversas. Entra poco y ahora, para colmo, a un precio cada vez más impagable para familias, trabajadores o estudiantes.

Esto nos aleja del mundo, día a día más competitivo, que demanda a su vez más empleos en la industria del conocimiento.