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Foto: El Sol.

En apenas un año, los alimentos aumentaron un 300% en Mendoza. La cifra es un golpe al estómago y deja sin aire. Donde más aprieta la inflación es en los más vulnerables, que son aquellos que son más que pobres, es decir, indigentes. Se trata de los mendocinos que apenas pueden costearse la comida en el día a día y no tienen ninguna chance de proyectar nada.

El drama argentino que revela la economía también tiene a los jubilados contra las cuerdas. Sólo en los últimos tres meses, los remedios aumentaron 110%, lo que exige a este sector a decidir qué medicamentos puede comprar. En tanto, en el Congreso se toman su tiempo para definir un nuevo cálculo para la fórmula jubilatoria.

El presidente ha reconocido que el plan económico se basa en dos artefactos. Licuadora y motosierra. Ambas son funcionales para reducir el gasto público y bajar la inflación, porque mientras se recortan aquellas áreas que el Gobierno nacional considera ineficientes o bolsas de ñoquis, por otro lado se aplica una licuación de salarios que arrancó con la devaluación de diciembre. Hasta el momento, ni las paritarias han servido para reacomodar este último aspecto.

Todo plan económico tiene un costo. En Mendoza, días atrás, la discusión en las redes era si la provincia era cara o accesible para el turismo, en un marco de recesión o enfriamiento de la economía. Las respuestas variaban y hasta un reconocido empresario señaló que un problema a resolver es la presión fiscal que existe sobre las empresas, ante el temor de que algunas firmas locales tengan que cerrar sus puertas. Ahí se revela el costo humano de las medidas que se toman en el poder central.

Aunque se celebra que la inflación se desacelera, en esta incipiente época liberal el Gobierno les dice a los supermercados que aflojen con las promociones. Es una cuestión de imagen, tal vez, que no puede photoshopearse. La economía argentina todavía está en la sala de agudos, donde se hace cirugía mayor a un cuerpo al que cada herida se la taparon con una curita, pero sin terminar de sanarlo.

El sacrificio de abajo, por ende, no puede ser correspondido simplemente con algunas decisiones populistas.