Hay intendentes que todavía no comprenden que sus gestiones son parte activa para mejorar la seguridad de quienes viven en sus municipios.

Con muy poco pueden hacer mucho para brindar ciertas garantías y mejorar la calidad de vida. Por ejemplo, preocuparse por no tener terrenos baldíos y mantener en condiciones los espacios verdes. Hay algunas teorías criminalísticas que aseguran que la falta de mantenimiento y limpieza de los lugares públicos es la puerta de entrada al delito. Por lo tanto, es ahí donde debe apuntarse desde las gestiones municipales. Una de las claves para combatir la inseguridad es ganando las calles con la presencia activa del Estado. Es una cuestión más que nada estratégica, que implica muy bajos costos. Solamente se trata de gestión, una palabra que la mayoría de los funcionarios pronuncia, pero que muy pocos aplican.

En definitiva, es la principal demanda que se les hace a los gobiernos municipales. A la hora de elegir, poco se tienen en cuenta las obras públicas o si un departamento logró ubicar una reina nacional de la Vendimia. Al vecino le interesa poder salir a la puerta de su casa y sentirse a gusto; ver que funciona el sistema de recolección de residuos, de limpieza de acequias, que se cumple con la temporada de poda y que hay una respuesta efectiva ante los reclamos vinculados con asuntos ambientales. Lo que vale, en esos casos, es el contacto directo, conocer el departamento y comprender las problemáticas. Son trabajos básicos para una intendencia. Con eso, a veces, basta para ganar una elección. Tener plazas en condiciones, mantener los sistemas de iluminación, cortar el césped en parques son tareas que no tienen ninguna incidencia en un esquema presupuestario.

Es, más que nada, una cuestión de voluntad, de eficiencia y, sobre todo, de estar orgulloso del lugar en que se vive.