Rodolfo Suarez y Omar De Marchi.

La interna de Cambia Mendoza se convirtió en la novela del verano. Que Omar De Marchi se va, que se queda. Que amaga para un lado y para el otro. Que el radicalismo lo cuestiona; que no sabe si lo quiere dentro o fuera.

El tema es que es el partido gobernante. No sólo eso: también es el que, según los estudios de opinión pública, más chances tiene para ganar las elecciones provinciales este año. Y, lejos de estar analizando cuáles han sido los aciertos y errores de los últimos ocho años de gestión, la agenda del oficialismo parece reducirse a la discusión para saber quién será el candidato a gobernador.

Mendoza no es una isla en medio de la actualidad nacional. Además de eso, en algunos aspectos la crisis se ve potenciada. Y cada vez se nota más la distancia de aquella provincia que, además de la ser la perla del oeste, era un claro ejemplo de calidad institucional.

Desde hace años no existe una oposición fuerte; con lo cual, el equilibrio de poder está absolutamente desbalanceado. Por lo tanto, es responsabilidad del oficialismo tener la madurez y sapiencia para analizar cada una de sus actuaciones. Leer la realidad mendocina con espíritu crítico a apostar por la mejora continua. Pues bien: poco de eso se está viendo.

Mendoza continúa siendo una tierra de oportunidades; en especial, porque falta mucho por hacer y porque las falencias se hacen cada vez más evidentes. Y que quien se convierta en el próximo candidato debe tener en cuenta que esa es la prioridad.