Si bien frente a las altas temperaturas es un lujo que todos quisieran tener, las piletas domiciliarias forman parte de un elemento más a tener en cuenta cuando se atraviesa una crisis hídrica que lleva años en la provincia. 

No se trata, por lo tanto, de prohibir o restringir este tipo de instalaciones, pero es un llamado de atención a quienes las tienen, para redoblar esfuerzos en el mantenimiento del agua. En este punto, también se pone en juego la solidaridad y el respeto por el otro.

Ocurre con las piscinas y sucede, por ejemplo, con quienes tienen sistemas de riego por aspersión. La idea es optimizar esos recursos y, a partir de allí, surge el concepto de uso responsable del agua, algo que por estas geografías desérticas no suele aplicarse.