Razonabilidad. Ese tiene que ser el criterio que debe primar en la gestión del Estado, ya sea este nacional, provincial o municipal. Los números que se han dado a conocer en distintos aspectos de la economía revalidan la crisis que estamos atravesando y apenas es el umbral. Bajó el consumo y, por ende, bajó la recaudación. La economía argentina se está enfriando.

A la par, también hay reclamos por los salarios, entre ellos, por parte de los gremios estatales. Es aceptable, porque quedaron atrás de la inflación acumulada. Con todo, los esfuerzos desde la Provincia deben contener, sin que las cuentas se desequilibren.

El mayor riesgo es que los servicios que se prestan, desde el Registro Civil hasta las gasas en los hospitales, pasando por la recolección de basura, se resientan y caigan en términos de eficiencia. El vecino o el ciudadano no pueden perder porque aportan con sus impuestos y, en caso de recortes en el presupuesto, se tiene que apuntar a lo superficial o a lo improductivo.

Esta crisis no sólo es un mensaje para los gremios, sino también puede reenfocar a los dirigentes con responsabilidad política. Ya no es la época en la que se permite tirar manteca al techo con grandes eventos para la tribuna. Es la era en la que se discute todo peso invertido por el Estado. Todo gesto de austeridad será bienvenido, pero a la vez, todo acto de razonabilidad en el gasto será valorado.