Pegan acá, pegan allá, en los lugares permitidos y en los que no lo están. En los postes de luz, en los carteles con señales de tránsito, en paredes, árboles y semáforos. 

Y nadie se hace cargo. La irresponsabilidad con que se manejan algunos candidatos a la hora de hacer campaña es proporcional a la cantidad de basura que queda, casi de manera eterna, en el paisaje mendocino. Después, nadie limpia. Y allí permanecerán esos afiches, fijados en las paredes, como recuerdos de una elección que alguna vez generó ilusión a los mendocinos.

Lo peor es que esto es nada más que el comienzo. Todavía quedan las generales, donde la guerra propagandística promete ser más fuerte. Y de la que, más que propuestas de gobierno, heredaremos los residuos.