En una semana en la cual el escenario político del país convulsionó, el presidente no está. O está en otra. O ya dejó en manos de su ministro de Economía la gestión. En cuestión de días, a poco de votar en las PASO, el mandatario está ocupado en otras cuestiones. Responde preguntas por redes sociales, al menos, aquellas que no lo compliquen ni lo metan en un brete en plena campaña electoral. En tanto, en los barrios del conurbano asciende esa marginalidad y violencia a las que el Estado no les encuentra la vuelta. Tampoco hay muchas respuestas en aquello que, precisamente, el ministro candidato tiene que resolver, presionado por el dólar y los precios. En plena crisis, apurado por los costados, es necesario mostrar conducción.
Pero lo que se observa es la necesidad de llegar al domingo sin que socialmente Argentina explote y, luego, aguantar la respiración hasta la siguiente parada, en octubre. Lo que queda es transición, en lugar de conducción para que las distintas situaciones que ponen a los argentinos entre la espada y la pared puedan estar contenidas.
