GR6004. LUSAIL (CATAR), 26/11/2022.- Hinchas de de Argentina y de México forcejean por una bandera hoy, a un partido de la fase de grupos del Mundial de Fútbol Qatar 2022 entre Argentina y México en el estadio de Lusail (Catar). EFE/ Rodrigo Jiménez

Incluso el folclore futbolístico tiene que tener un límite. Las muestras de violencia y de discriminación vistas en los últimos días en las redes sociales sorprenden. Son un manojo de prejuicios y estigmatizaciones que dejan en claro cómo, frente a una situación determinada, aparecen disfrazadas de humor, pero no hay nada gracioso en el fondo.

En las semanas previas al inicio del Mundial, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) publicó una serie de recomendaciones ridículas, que nada tienen que ver con la educación y con el fomento de la confraternidad entre diferentes colectivos. Lejos de eso, intentó hacer una imposición con terminología y contextos grotescos y afirmaciones melindrosas. El organismo que conduce Victoria Donda, una vez más, se refugió en discusiones estériles que no hacen a la vida cotidiana y dejó pasar una posibilidad para sí establecer parámetros y encabezar una verdadera lucha en contra del racismo y la xenofobia, tal como lo define su nombre.

Fuera de lo institucional, nunca más que ahora el nivel de discriminación estuvo tan vinculado con la falta de educación. Son ideas que se complementan. La falta de información, de lectura, de cultura general lleva a despreciar a lo que se comprende como diferente. Y, en este aspecto, Argentina está en el punto más bajo. No se trata de una cargada futbolística. Hay mucho más en las expresiones vertidas. Es momento de abrir los ojos y abordar el problema de manera seria y profesional, y no con un grupito militante que profesa un falso progresismo.