En medio de los cuestionamientos opositores y las dudas con el avance de la política petrolera oficial, el país se alistaba, al cierre de esta edición, a contar con una nueva Ley de Hidrocarburos, que, para el Gobierno, significa un paso de relevancia para el desarrollo económico nacional. Sin embargo, este cambio tiene que servir para poner todos los esfuerzos en aumentar la producción y potenciar las regiones petroleras, dueñas de los recursos, para que no queden relegadas en autonomía y beneficios.
Sin dudas, el mayor desafío es concretar las grandes inversiones para no decaer. Es una realidad que, para atraer el dinero foráneo, es necesario tener las condiciones legales y financieras. Los deseos de que lleguen los interesados son grandes, pero hay que trabajar duramente para concretarlo. La competitividad del precio de las naftas para sostener el nivel de inversión de la firma estatal es una de las patas fundamentales, pero se necesita mostrarse al mundo con mayor seguridad y ofrecerle confort, y también agudizar todos los controles. Caso contrario, se pone en riesgo el éxito de la política hidrocarburífera y, por ende, de la compañía estatal.
