El país volvió a vivir un paro general realizado por los gremios luego de varios años –en donde los problemas económicos estaban a la orden del día y sobraban, pero en fin…-. Con este escenario de fondo, uno de los gremialistas de mayor peso del país lanzó una amenaza no menor hacia un ministro del Gobierno nacional. Le dijo que si aplicaba medidas de ajuste, lo iban a llevar para ahogarlo en el Riachuelo, que por otro lado es el símbolo hídrico de los fracasos políticos y de todo lo que pueda oler mal en el país.
La amenaza tendría que haber sido recogida por algún fiscal de oficio. Se trata de la misma figura gremial que coacciona a las empresas bloqueándolas para que no produzcan. Semejante apriete, lo que podría ser una ayuda para los trabajadores, es finalmente lo contrario. No hay mayor riesgo para los trabajadores que una acción como esa.
No fue la única advertencia intimidatoria que se escuchó durante el día. El mismo funcionario señalado por el sindicalista hizo su aporte. Aseguró que si el Congreso rechaza los artículos económicos de la ley ómnibus, las provincias sufrirán más recortes.
Marca a su vez el grado de condicionamiento de una negociación que no termina de cerrarse, porque los intereses de los gobernadores no son pocos. Pero afectan a su vez el juego democrático, los acuerdos racionales y cualquier tipo de proyección por parte de las provincias.
Es el grado cero de la república.
