Cada tanto, la Provincia da la nota discordante por algún conflicto cultural. En este caso, una muestra artística que generó revuelo y cosechó críticas desde sectores conservadores, que se vieron afectados por las imágenes. La reacción pasó de la crítica y la desaprobación general a una actitud más beligerante: un grupo destrozó los objetos.

El hecho no fue en cualquier lugar, sino en un ámbito muy particular, el de la Universidad Nacional de Cuyo, ese espacio de formación intelectual, científica, pero también espiritual. No es menor, puesto que se entiende que es una casa de estudios laica, liberal en cierto sentido y que puede aglutinar a expresiones diversas, desde políticas hasta estéticas. Sin embargo, lo sucedido en la sede del rectorado ha roto este equilibrio, aunque no sea la primera vez que sucede.

Por todo, las autoridades ahora tendrán que restablecer esta armonía entre la formación universitaria y un sector de la sociedad que, de todos modos, eligió el peor camino para expresarse y defender sus ideas, en este caso, religiosas. Mendoza no puede atrasar de esta manera.