Bueno. Ya está. Se terminaron las semanas de especulaciones, negociaciones y rosca. A partir de ahora, es momento de presentar cuáles serán los planes de gobierno. Hasta ahora, nada de eso fue puesto en el menú de opciones.

Lo único que se puede percibir es la recurrente necesidad de mantener o ganar poder. De mejorar las condiciones de vida de los mendocinos, nada. Ni por izquierda ni por derecha. Sólo manifestaciones de ego y la necesidad imperiosa de calmar ambiciones personales; en algunos casos, con los típicos mensajes mesiánicos y promesas de renovación con las mismas caras de siempre. Cáscaras vacías, amiguismos, matrimonios por conveniencias.

Ninguno de los candidatos parece advertir que la situación es crítica y que de poco vale acumular influencias y llevar personajes para sus huestes si, al final del cuento, no tienen una hoja de ruta para solucionar desde la provincia los temas centrales que tienen que ver con un gobierno local e intervenir con las herramientas a disposición en aquellos asuntos que ponen a Mendoza como una víctima más del desmanejo nacional.

Los mendocinos necesitan conocer qué hay detrás de cada candidato. Y no se trata sólo de una cuestión ideológica, sino de tener en claro si existen equipos técnicos que de manera anticipada trabajan para, en caso de gestionar los próximos cuatro años, saber cuáles son las primeras medidas a tomar. La respuesta es conocida: no.

La política es un compendio de improvisaciones. Y la realidad es la mejor prueba de ello.